lunes, 12 de abril de 2010

Días de radio

Ha muerto Juan Manuel Gozalo, un histórico del periodismo deportivo.

Al leer la noticia sentí una pena inmensa. Intentaré explicar por qué.

Mi padre iba a todas partes con un aparato de radio. Se lo llevaba a la cuadra, para escucharla mientras ordeñaba las vacas y les daba de comer. Y se lo llevaba a la cama, pasadas las ocho de la tarde, cuando, para huir del mal rollo familiar tan característico de mi casa, cenaba antes que nadie y, para quitarse de en medio, se iba a dormir.

En realidad no dormía. Se tumbaba en la cama y se dejaba mecer por la voz de Gozalo, que en su programa Radio Gaceta de los Deportes explicaba la etapa del día del tour de Francia, como preparaba el Real Madrid el próximo partido de liga o alguno de los crónicos fracasos de la selección española. Escuchándole, mi padre dormitaba en una duermevela que creo que le parecía el mejor momento del día.

Yo subía a la habitación y le hacía compañía un buen rato. Charlábamos. Le rascaba la cabeza o le cortaba las uñas. Discutíamos sobre futbol -el era merengón irremediable y yo barcelonista irredimible-sobre política y sobre cualquier cosa que se nos ocurriera. Luego yo le daba dos besos y me iba a estudiar. Y de fondo, siempre, invariablemente, la voz de Juan Manuel Gozalo.

Una vez, teniendo yo seis o siete años, yo interpreté, por mi cuenta y riesgo, que la radio de mi padre estaba muy sucia (es muy posible que fuera cierto), así que ni corto ni perezoso me fui al lavabo y la remojé bien remojada bajo el grifo para quitarle la costra superficial. Después de una intensiva fricción subacuática contemplé admirado el resultado de mi trabajo: la radio estaba impecable. Brillaba.

Supongo que un rato después alguna vacilante luz de cordura iluminó mi más bien obtuso cerebrín y empecé a sospechar que quizás, acaso por una de esas malas jugadas del destino, el lavado hubiera podido ir en perjuicio de la calidad sonora. Con ese miedo ya metido en el cuerpo la puse en marcha. Sólo los que han escuchado alguna vez psicofonías pueden dar cuenta de lo que yo oí en ese momento. Una especie de ruidos alienígenas y gorgoteos ininteligibles, con el transfondo de lo que parecían ser alaridos de coyotes sometidos a algún extravagante tipo de tortura.

Yo, lo confieso, pensé que mi padre me iba a matar. Yo intuía que su radio era, si exceptuamos quizás su coche, su patrimonio más preciado. Temblando, esperé a que regresara y en cuanto volvió se lo expliqué en detalle. Le dije, entre lágrimas, que yo sólo quería que quedara bien limpia y que por eso la había lavado. Le expliqué incluso gráficamente, metiéndo el aparato de radio de nuevo bajo el agua, como lo había hecho. El me escuchó atentamente -nunca me ha gustado que me interrumpan cuando hablo y el lo sabía-, se acercó y, cuando hube acabado de explicarme, mirándome fijamente, me levantó en el aire con sus brazos enormes, me abrazó y besándome, me dijo al oido: no pasa nada, mañana nos compramos otra.

Nos compramos, efectivamente, otra (sin radio, claro, no se podía estar). Yo, por mi cuenta, puse la vieja radio al sol y al calor de la cocina unos cuantos días y al final conseguí que resultara audible casi con normalidad, aunque las voces que salieron de aquel aparato durante los años siguientes tuvieron siempre un cierto aire submarino, como si provinieran -es curioso- del fondo del agua.

Muchos años después Gozalo se prejubiló en RTVE y le perdí la pista. Por esa época, más o menos, mi padre falleció. Los tiempos cambian y yo ahora, como mi padre, siempre con la radio o la tele encendidas, escucho las tardes-noches de sábados y domingos el Carrusel Deportivo de Paco González y Pepe Domingo Castaño en la Cadena Ser. Otros tiempos, otras voces, viejas rutinas.

Esta noche, al oir la noticia sentí una pena muy honda. La razón de esa pena no es nada sofisticada: al saber de la muerte de Juan Manuel Gozalo me dí cuenta de que otro pedacito de mi vida con mi padre acababa de irse para siempre.

Os envío un abrazo a los dos, allá donde estéis.

Algún día volveremos a escucharnos.

2 comentarios:

  1. Me enteré de la muerte de Gozalo el domingo pasado por la noche. También me entristeció y sorprendió. No soy aficionada a los deportes ni sigo ningún programa deportivo pero durante muchos años su voz rota llegó a mí a través de la radio y ocupó mi casa y parte de mi vida.

    Le llegué a coger cariño, sentía que el amaba su profesión y que era una persona honesta en su trabajo. Sentí pena cuando la prejubilación se lo llevó de mi casa. Ahora se ha ido definitivamente de nuestras vidas. Demasiado pronto. Demasiado rápido.

    Cuando oí la noticia pensé que su muerte podía haber tenido su origen en su ausencicia de los deportes y de la radio. Me dicen que después siguió en otra emisora.

    En casa siempre te recordaremos.

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  2. Muy emotivo su post, le felicito!
    JM Gozalo, siempre me ha parecido de lo mejor en el "periodismo" made in Spain, que en realidad es forofismo, hasta talibanismo... Además como siempre he vivido en el extranjero, gracias a RNE en onda media lo escuchaba cuando podía, sobre todo en los grandes eventos. Una pena, pero el tabaco es peligroso y se lo ha llevado antes de tiempo.
    Raphael

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