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De princesas e interruptores

Automejora
Justo antes de que ella saliera volando como un cisne hacia la lujosa residencia de verano de sus padres, su novia universitaria le pidió a Bruce que mejorara su destreza en el sexo oral, y le ofreció un consejo técnico:
Utilizando sólo la punta de su lengua debía mover el interruptor de la luz de su cuarto de la posición de encendido a la de apagado cien veces al día hasta que adquiriera fluidez en los matices de la fuerza y el espacio. Imagínatelo practicando todas las noches, más interesado de lo que nunca lo estuvo por el álgebra, las gotas de sudor borotando de su frente, pensando, treinta y siete, treinta y ocho, visualizando, en la visión de túnel del ojo de su mente, la ecuación cuadrática del clímax de su novia rendida a la lógica de su simple matemática.
Tal vez desenroscó el foco del techo de su apartamento para que los transeúntes no creyeran que una luciérnaga gigante estaba haciendo latir su eléctrico abdomen en el 13 B.
Tal vez, mientras permanecía a dos pulgadas de la pared, en la os…

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