domingo, 2 de octubre de 2011

The wire



Anoche acabé de ver la última temporada (la quinta) de The Wire, la serie de HBO.

No voy a intentar explicar qué es The Wire. Me limitaré a decir que, a mi juicio (y al de otros muchos que saben casi tanto como yo) es, sólo, lo mejor que se ha hecho nunca en televisión.

Omar, Marlo Stanfield, Avon Barksdale, Freamon, Bunk, Stringer Bell, Bubbles y, como no, Mcnulty son personajes que nunca se borrarán de mi memoria. Y soy consciente de que nunca es mucho tiempo y de que es precisamente eso, el tiempo, el artefacto que lo desgasta todo.

En The Wire no hay falsa moralidad de telediario ni moralina. Tampoco una descripción de la realidad ni un retrato. The Wire condensa un estado superior del conocimiento (o más bien de entendimiento) de la realidad humana: la presentación descarnada de un puñado de cosas que importan de verdad porqué permiten entender cómo funciona realmente el a ratos putrefacto y casi siempre conmovedor mundo que habitamos. Nada mas y nada menos.

Al final, cuando se acaba el último capítulo nos quedamos con una sensación amarga. La del que ha caminado un buen rato (cinco temporadas) con los pies descalzos sobre una superficie demasiado árida. Pero, sobretodo, queda el regusto de haber sido testigo de una exhibición de formidable talento coral que sólo se puede recordar con admiración y respeto.

PD. Podemos hacer muchas cosas mal. Y las hacemos día a día con gran aplicación, como si equivocarnos fuera nuestro estado natural  (al estilo Mcnulty). Pero si también somos capaces de hacer cosas como The Wire nadie puede decir que no hay esperanza.



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