sábado, 2 de marzo de 2013

Una constante



Cuando Gerald Brenan llegó a España en la segunda década del siglo XX, le llamó la atención el carácter peculiar, severo y puritano del socialismo español. El Partido Socialista exigía que su militantes fueran hombres serios: no debían hacer uso de la bebida, ni aceptar cohechos, ni frecuentar los prostíbulos y hasta las corridas de toros eran miradas con desagrado. Esta rigidez moral llevó a Brenan a comparar el socialismo español con el calvinismo: “Había algo casi ginebrino en la gran cantidad de respeto a sí mismos, de moralidad personal y de obediencia a la conciencia propia que pedía a sus seguidores”, concluye Brenan.
 
En el partido socialista se entraba como se entraba a misa: a profesar una religión de corte casi ascético.
 
Huega decir que ahora no queda nada de eso. Con el PSC divorciándose del PSOE y un liderazgo igual de calamitoso -por decirlo suavemente- en ambas facciones, la concejal socialista Olvido Hormigos -aquella que se hizo famosa por un vídeo casero en el que se lo pasaba estupendamente-renuncia a su acta de concejal en Los Yébenes  y, ni corta ni perezosa, se aventura en un reality de Telecinco que consiste en lanzarse  de cabeza a una piscina -quiero creer que con agua- en compañía de otros cuantos sujetos de mal vivir.
 
La cosa no tiene mayor importancia y a la vez es un resumen de todas nuestras desventuras. El tal Bárcenas anda por ahí metiendo miedo a sus correligionarios con la lista de donantes y la de cobrantes, Urdangarín tiene dificultades para pagar la hipoteca y para encontrar trabajo, Cospedal demuestra que decir estupideces está al alcance de cualquiera,  Rubalcaba no sabe/no contesta, Rajoy apenas asoma la cabeza fuera del armario, el paro sube que te sube, Berlusconi casi gana en Italia con un programa consistente en teñirse la cara de naranja, implantarse pelo como quien siembra bancales de arroz y expresarse con la descacharrante elocuencia de un tratante de ganado borracho en un puticlub de carretera de circunvalación a las tres de la mañana.
 
A todo esto, entre tantas variables, hay una constante: ni Bárcenas, ni Millet, ni Urdangarín, ni todos los mangantes de las Cajas (que son muchísimos), ni Pepiño Blanco, ni Oriol Pujol, ni Duran i LLeida, ni Fabra, ni tantos otros con iguales méritos han pisado la cárcel.  Y nada apunta a que vayan a hacerlo ni pronto ni más tarde por merced de esas instrucciones lánguidas e infinitas que casi nunca llegan a buen puerto y de esos jueces y tribunales tan proclives a lamer la mano del poderoso.
 
PD. El diario La Razón es un periódico no menos humorístico que El Jueves o La Perdiz, solo que sus redactores no lo saben. Hasta hace poco presentaba los sucesos y aventuras de Bárcenas bajo el valleinclanesco rótulo "Cerco a la corrupción", que podría hacer pensar a algún lector despistado que la policía andaba por ahí corriendo a tiros a los mangantes. En realidad ocurre más bien lo contrario: es la corrupción la que nos va cercando a nosotros. Y no descarten que también acabe corriéndonos a tiros.

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