lunes, 17 de marzo de 2014

True Detective




Al principio no me fijé demasiado en esta serie. Luego, por casualidad, vi uno de los capítulos -debía ser el segundo o el tercero, no lo sé- y pronto resultó bastante evidente que no tenía el menor interés en ver ninguna otra cosa que no fuera True Detective, así que me puse manos a la obra y los grabé todos por duplicado: en versión original y doblados al castellano. Esta noche, al regresar de viaje, he visto el séptimo en versión original.

Es muy posible que no se trate de una serie para todos los públicos pero, como dijo David Simon, el guionista de esa maravilla llamada The Wire: que se joda el espectador medio.


Es pretenciosa y sobreactuada. Ah, y increivlemente aburrida. No entiendo nada.
Publicado por: Selenita | 12/03/2014 12:22:21

Ya vemos que a Selenita, sin ir más lejos, no le gustan ni la serie ni la ortografía.  Alabado sea el Señor (de los Anillos, claro). En fin, digamos que la trama de la serie nos lleva de viaje por los suburbios del infierno; un viaje en el que no se presta tanta atención al crimen o a los crímenes que le sirven de pretexto (los asesinatos en serie de niños), como a las peripecias existenciales de sus dos protagonistas a lo largo de un largo periodo (de 1995 a 2012), atravesadas y severamente trastornadas, como no podía ser de otra forma, por los sucesos a los que esos crímenes dieron lugar.

Una de las cosas más fascinantes de True Detective son sus diálogos, en especial los de Rust Cohle, que te golpean el pecho con la contundencia de piedras arrojadas al fondo de un pozo:

"Creo que la conciencia humana es un trágico paso en falso en la evolución".
"En la eternidad, donde no existe el tiempo, nada puede crecer, nada puede llegar a ser, nada cambia. Por eso la muerte creó el tiempo, para cultivar las cosas que matará".
"Yo no duermo, solo sueño".
"-Pues no va a hablar contigo. - Tengo una batería de coche y dos cables que dicen lo contrario".
"-Espero que la anciana se equivoque. -¿Sobre qué?.  -Sobre que la muerte no es el final".

En realidad True detective es una historia sobre el proceso de construcción de nuestra propia narrativa personal, sobre la forma en la que cada uno de nosotros procesa la realidad y se la cuenta a sí mismo, sobre como día a día, poco a poco, vamos elaborando una versión del mundo hecha a medida de nuestros miedos y fracasos para conseguir que la existencia nos resulte algo más gratificante, no tan dolorosa o simplemente soportable. Por eso los psicólogos saben que no basta con que el paciente les revele "su historia",  porque cuando tratamos de relatar nuestra vida, aunque lo hagamos con la mejor voluntad, tendemos a recorrer siempre los mismos caminos, una serie de rutas que hemos ido trazando de forma arbitraria a lo largo de la vasta topografía de la memoria, construidas a base de pequeños pactos exculpatorios y de ficciones justificativas, que nos son útiles, porque nos ofrecen una explicación que nos resulta aceptable de todo lo que pasó y de cómo pasó, pero que, en realidad, dicen muy poco de nuestros verdaderos sentimientos y de las auténticas razones por las que, en cada una de las encrucijadas del camino, tomamos las decisiones que tomamos. Esas decisiones que nos han conducido a lo que hoy tenemos frente al espejo.

De alguna forma, menos metafórica de lo que la mayoría cree, todos somos culpables y ansiamos desesperadamente alguna forma de redención. Pero no tenemos ni la menor idea de cómo conseguirla y por eso nuestra vida es un círculo en el que giramos y giramos sin avanzar hacia ninguna parte y sin encontrar la puerta de salida. Aceptar que esto así, que la única pelea que cuenta es la que libramos contra nuestra oscuridad interior y que quizás estamos condenados a perderla, no alcanza para redimirte de tus pecados, pero te permite contemplar todo lo que ocurre alrededor con cierta ironía, como si un tenue viento del oeste comenzara a arrancar las hojas de los fresnos y las arrastrara hacia el río por encima de tu cabeza, alto, muy alto, sin que puedas hacer nada por evitarlo, por detener la corriente, por hacer que las cosas sean de otra forma.




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