jueves, 28 de agosto de 2014

Decidido, me hago portugués


Ahora que Mariano Rajoy se pasea por la campiña gallega en tejanos con Ángela Merkel como si se tratara de un remake de Los Puentes de Madison y media España acomete un forzoso aprendizaje del alemán, lengua en extremo dulce y romántica (a condición de que uno sea adicto al sadomasoquismo en su versión más hardcore) yo, que siempre ando en cosas improductivas y poco recomendables, aprovecho para buscar refugio en los meandros de la lengua portuguesa que, si bien no me servirá de mucho si acabo trabajando de camarero en Colonia o Hamburgo (destino al que los rigores de la crisis ya han empujado a muchos de nosotros), es acaso la que expresa mejor, de entre las que yo conozco, los sentimientos más hondos del alma humana: la añoranza, el amor, la soledad, el dolor y la pena.

Se fores, não chores por mim,
não há vidas sem pasado,
e a nossa ficou assim
na letra de mais um fado.

Viendo que la cosa del nacionalismo se encona por estas tierras yo, antes de que empiecen las manifestaciones, la quema de contenedores y los porrazos a diestro y siniestro, aprovecho para declararme portugués de adopción, que es una alternativa mucho más discreta y elegante que ser catalán o español, cosas ambas que, si lo pensamos bien, son bastante penosas y que nadie en su sano juicio debería considerar motivo de orgullo. De hecho, juro solemnemente por la salud de todos aquellos a los que les caigo mal, que si hallara la forma de hacerlo pediría la nacionalidad portuguesa, para refugiarme en el bacalhau, los fados, la ribera del Tajo, la saudade y el vinho y, ya que estamos, para no tener que asistir al penoso espectáculo que nos ofrece la continua exhibición de estupidez en la que se ha convertido la vida política española/catalana.

Não é desgraça ser pobre,
não é desgraça ser louca:
desgraça é trazer o fado
no coração e na boca.
Nesta vida desvairada,
ser feliz é coisa pouca.
Se as loucas não sentem nada,
não é desgraça ser louca.

PD. Las manifestaciones con banderas (española, catalana o indochina) me parecen una curiosa forma de evidenciar públicamente un alarmante insuficiencia cognitiva, cierto desequilibrio psíquico o una deficiente maduración de los órganos sexuales. O, como diría mi abuela, que era mucho más lista que yo y que todos los cretinos de medio pelo que inundan los telediarios de pomposas palabras que no significan nada, que todos esos enfervorizados portadores de las enseñas nacionales "tan como burros" y "faltayos una patatina pal quilo".

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