viernes, 2 de octubre de 2015

Es sólo un truco




A medida que me he ido haciendo mayor (a partir de los cuarenta uno se convierte en mayor, lo quiera o no) he adoptado como única filosofía existencial la de que, como diría Jep Gambardella, non posso piú perdere tempo a fare cose che non me va di fare, o, lo que es lo mismo, que fuera del trabajo (en el que hago lo que toca para ganar dinero que luego entrego religiosamente a Amazon, Booking y Ryanair) no pienso hacer -por convención, compromiso o por la razón que sea- nada que no quiera hacer realmente.

Por eso no uso Facebook: porque me da pereza. Por eso no llamo a los viejos amigos: porque en realidad en algún momento dejaron de serlo. Por eso huyo de los actos sociales como de la peste: porque en el fondo soy un tímido incurable que apenas ha aprendido a disimular un poquito. Por eso no como con gente a la que desprecio: porque no me sienta bien la comida y se me enturbia el alma. Por eso procuro no hablar con idiotas: porque nadie convence a nadie de nada y la estupidez resulta aburridísima.

Más que una filosofía es un descubrimiento. Uno, de vez en cuando, debe doblarse para sobrevivir. No hay nada de malo en eso y todos lo hacemos bastante más de lo que nos gustaría. Pero no es bueno permanecer de rodillas sin motivo, ni ser un triste vocacional, ni demasiado cerebral, ni demasiado entregado a ninguna causa que no sea la felicidad. La vida se consume en unos cuantos instantes de belleza que son demasiado escasos y demasiado fugaces para echarlos a perder haciendo cosas que no nos interesan por pura inercia, por miedo o por el que dirán. 

No siempre somos hombres y mujeres libres. Pero no es malo intentar serlo cada día un poco más. Libres de nosotros mismos, que somos la prisión más inexpugnable, porque rara vez somos capaces de ver las minuciosas cadenas con las que nos hemos ido atando desde el día en que tomamos consciencia de nuestro propio ser. Ese y no otro es el truco de la vida: que todo es un autoengaño, una pequeña farsa llena de palabras y ruido cuya comprensión requiere cierta perspectiva, cierta distancia irónica y que no hay nada tan catastrófico para los hombres y para los pueblos (echen un vistazo a la historia del mundo si no me creen) como tomársela demasiado en serio.

En serio, digan lo que digan, les juro que todo esto es sólo un truco. No se lo tomen tan en serio y traten de ser felices. 





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