miércoles, 2 de junio de 2010

Líneas (a modo de prospecto, resumen o epitafio)


Hay gente que ha nacido para vivir su vida en línea recta. No hay ningún demérito en ello, bien al contrario: presienten que ese y no otro es su destino y, por razones que no hacen al caso, continúan su camino, como un viajero solitario que, en medio de la ventisca, avanza dejando un somero rastro de pisadas entre los árboles del valle nevado.

Aunque no entiendo muy bien como se las apañan para hacer lo que hacen, ni como funcionan sus complejos mecanismos de estabilización existencial, siento una especie de simpatía instantánea por todos aquellos que son capaces de permanecer ajenos al desaliento o que, habiendo probado su sabor, lo escupen al suelo y siguen adelante como si nada hubiera pasado.

Por eso admiro a los abogados del estado o a los notarios. No porque no puedan ser completos imbéciles como cualquier mortal, sino porque un día se plantaron en el centro de una habitación llena de carámbanos y noche a noche, durante cuatro, cinco, seis o siete años errantes, permanecieron allí en la sola compañía de su propia y vacilante determinación hasta el incierto día de su batalla decisiva.

Y ese día, ni extraviados ni desvalidos, alzaron la voz y cantaron como lo soñaron una noche ya distante antes de ser vencidos por el sueño. Y con cada palabra fueron arrancándose jirones de una escarcha largo tiempo acumulada, construyendo largas frases pobladas de esdrújulos y sonoros sustantivos, como minúsculas hileras de laboriosas hormigas que van brotando en perfecto orden de sus bolsillos.

Yo no puedo ser así y bien que lo lamento algunas veces (aunque otras tantas me importe un carajo). No se muy bien quién soy. Y bastante menos hacia dónde voy. En mi cabeza el pasado se integra en el presente y resulta indistinguible del futuro, como si todo fuera un magma inconexo, una arquitectura barroca cuya completa comprensión está fuera de mi alcance. Absorto, miro las caras, observo los gestos, trato de adivinar los pensamientos y contemplo, multicolores, a todos los seres de la creación, intentando adentrarme en la oscuridad para obtener una revelación, algo de luz, no se muy bien qué, pero algo que, al menos en algún sentido, debe ser muy importante para mi, si ha sido capaz de desvelarme la mitad de las noches de mi vida.

Me gustan algunas cosas. Contemplar el universo desde la ventanilla de un tren. Amar desaforadamente. Las miradas. Imaginar duendes. Acordarme de tí. Los vértices y los recodos del camino. Conducir al caer la tarde. Rescatar al niño que se esconde detrás de mí. Manolo García. Las señales. No hacer nada. Saturday night live. Imaginar que será de mi. El mar de espigas. La fanta naranja. Oir el viento desde la cama, mientras el agua se desploma en los aleros del tejado. Woody Allen. El tacto de las manos de mi padre. El paisaje y el murmullo de la corriente. Borges. Conversar y tener razón. La playa desierta. Dormir por la mañana. Leo Messi. Ser mentira y ser verdad: como un reflejo que habita un espejo fatalmente repetido. Mirar. The Wire. Ser todas las noches que soñé y todas las noches sin dormir, todos los versos que imaginé y cada frase que escribí. Recordar el instante preciso en que la piel dormida despierta. Dejárme llevar y no ser nada hasta el borde mismo de la inexistencia.

Yo, por la parte que me toca en este asunto, jamás os olvidaré. Y puestos a ser positivos, acordáos también de mí. No fui un mal tipo. No del todo. Es sólo que como nunca supe muy bien dónde me extravié, ni alcancé a entender del todo los resortes de mis propios sentimientos, me condené a perderme un poco cada día, como el meandro de un río que se debate contra si mismo y, lentamente, se dirige hacia un neblinoso punto de fuga del que nadie sabe nada, como un niño que se adentra en la noche abrazado a una vaca de algodón con topitos negros.

Yo me fui no se hacia dónde
y yo solo me perdí.
Y yo jamás te olvidaré
tu acuérdate también de mí.
Nunca se para de crecer.
Nunca se deja de morir.
(Fito y los Fitipaldis,
Me acordé de ti).

PD. Dedicado, en particular, a Gerardo. Un maño que sabe de lo que hablo.

2 comentarios:

  1. But if you never try
    you'll never know.

    ¿De eso se trata, verdad?

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  2. Me gustan algunas cosas. Amar desaforadamente.

    Desaforadamente: Con exceso, con atropellamiento. Con desafuero, con atrevimiento y osadía.

    ¿Se ama cómo se vive, cómo se es?

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