sábado, 27 de octubre de 2012

Beteta o el arte de navegar sin salir de la bañera



En el mundo hay dos tipos de individuos:

a) Los que se creen normales.

b) Los que sabemos que eso no existe.

A los primeros se les nota en cuanto abren la boca. 

Van por la calle derrochando normalidad y como la tienen en grado superior y un punto sobrante, tienen tendencia a administrársela a los demás, venga o no a cuento y las más de las veces a contrapelo, en forma de máximas, consejos, reproches y advertencias.

Al señor Beteta, el ínclito Secretario de Estado de Administraciones Públicas del PP, le ocurre justo eso. Se nota a la legua que es un individuo que se considera a sí mismo la mar de normal. Todo en él desprende, efectivamente, un desenvuelto aire de lozana campechanía y por eso se quedó tan ancho cuando, hace unos meses, se permitió reprocharnos a los funcionarios nuestros cafelitos matutinos. 

No contento con eso, el susodicho anda ahora metiéndonos mano en la jornada laboral, en las bajas por enfermedad, en los días de asuntos propios, en la paga extra y maquinando otras ocurrencias que habrán de serlo, de eso no hay duda, para desventura nuestra, pues, sin saber muy bien cómo, los funcionarios, en estos infelices tiempos de crisis, nos hemos convertido en chivos expiatorios a los que hay que degollar en la plaza pública para que la tribu pueda purgar sus culpas.

A lo que iba. Que el señor Beteta, además de atosigarnos con sus recortes y, como si no le bastara con ser uno de los principales artífices y promotores de nuestros pesares, se empecina en agraviarnos de palabra, desoyendo aquel sabio consejo que Don Quijote le dio a su escudero Sancho al ser éste nombrado gobernador de la ínsula Barataria: al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones. 

De todas formas, tampoco hay que tomárselo a la tremenda, porque es sabido que no ofende quien quiere si no quien puede y el tal Beteta poder, la verdad, puede más bien poco, porque si lo de los cafelitos se lo escuchas a Amancio Ortega o Bill Gates no te queda más remedio que replegar las orejas; pero cuando el que te lo dice es un individuo que nunca ha empatado con nadie, un sujeto cuya única actividad laboral ha consistido en poner la mano para recolectar el sueldazo con el que el PP ha tenido a bien obsequiarle en todo tipo de regalías públicas; regalías conseguidas, por cierto, en atención a unos méritos que jamás han sido objeto de evaluación ni contraste... pues... que quieren que les diga... le dan a uno unas ganas locas de empezar a repartir a diestro y siniestro hostias como hogazas de tres euros.

Por lo demás, aprovechando que el tal Beteta se permite la licencia de darme consejos a mí, sin conocerme de nada, yo, en justa correspondencia, voy a darle uno a él, con la ventaja que deriva del hecho de que yo si tengo la dicha de conocerle, más que nada porque estoy acostumbrado a ver su risueña jeta, tan repleta de enjundiosa y radiante normalidad, en los mismos telediarios desde los que, un día si y otro también, nos llueven truenos y centellas a los funcionarios.

Beteta, majete, sin ánimo de perturbar la sosegada tranquilidad del formidable despacho oficial en el que te solazas desde tiempos inmemoriales: ¿Por qué no intentas, aunque sólo sea por una vez y para variar, encontrar un trabajo por ti mismo, echando un currículum o superando los exámenes de una oposición, sin que haya de ser el PP, como ha sido una constante a lo largo de tu vida laboral, el que te saque las castañas del fuego? 

¿Por qué, ya que sabes tanto, no pruebas a abrirte paso a pecho descubierto en el mercado laboral sin valerte de recomendaciones ni de influencias políticas? Ese mismo mercado en el que, por cierto, hay casi ya seis millones de parados, una buena parte de los cuales tienen una formación y unas aptitudes profesionales que seguramente no desmerecen demasiado de las tuyas.
 
¿No crees que te iría bien darte un paseo por el mundo real y abandonar, por una vez, esas abrigaditas faldas del partido en las que siempre has tenido de todo y nunca te ha faltado de nada?

Así cuando al correr de los años hayas cosechado el éxito profesional al que (quién puede dudarlo ni jarto de chinchón) tus incuestionables dotes intelectuales te harán acreedor, si así lo tienes por conveniente, regresa de nuevo a la actividad política y, entonces ya si, ilumínanos a todos, pobres mortales, con el acrisolado resplandor de tus sabios consejos.

Y es que masturbarse está bien, amigo Beteta, pero follando se conoce gente.

Venga, machote. Tu puedes.

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