martes, 13 de noviembre de 2012

Notas sueltas de actualidad política

Hacer carrera en política es como ir al Ikea: lo único que hay que hacer es aguantar lo suficiente con la bolsa en la mano y seguir la flecha pintada en el suelo hasta llegar a la caja registradora.

El PSC defiende ahora el federalismo, una cosa a medio camino entre el autonomismo y el independentismo, no sé si mágica, papirofléxica o funambulística. Pero lo hace con tan poco entusiasmo que se nota bastante que el único objetivo de esa borrosa propuesta es que algún votante despistado acabe, acaso por caridad, picando el anzuelo. Lo que sea con tal de evitar el descalabro total que ya se asoma a las puertas de la ciudadela socialista.

El nacionalismo es la administración política del adiós. Ya lo cantaban los Chichos: hiciste la maleta, ay, sin decirme adiós, ay que dolor, tu amor me abandonó, ay que dolor, y solo me dejó. Artur Mas es el artista que intenta convertir ese quejío tan propio del cante jondo en un éxito de ventas en Cataluña y para conseguirlo ha retomado otro clásico español: Manolo Escobar y su carro. Sólo que él tiene clarísimo quien fue el autor material del robo: España.

Mientras tanto, Rajoy ya va recabando importantes apoyos en contra de la secesión de Cataluña. Por ahora ha conseguido el de la Duquesa de Alba, portada de ABC (???) que ha balbuceado que eso del independentismo es muy poco patriota -en realidad, patriota si que es, sólo que patriota de otro sitio- y el de unos cuantos intelectuales que han firmado un manifiesto. Bien pensado si una manifestación es un montón de gente detrás de unas pocas palabras un manifiesto es lo contrario: poca gente detrás de un montón de palabras. Pero, claro, no se trata de gente ordinaria ni de gente al peso, sino de intelectuales delicatessen, canelita fina. Uno de los tales intelectuales, por cierto, era nada mas y nada menos que Álvaro de Luna, es decir, el Algarrobo de la mítica serie Curro Jiménez, así que imagino que los independentistas de Tremp o Solsona estarán muertos de miedo o muertos de risa (más bien lo segundo). 

Los nacionalistas catalanes buscan ahora el encaje de Cataluña en Europa. Los europeos no tienen ni idea de la que se les viene encima. Después de tres décadas intentando encajar en España (con poco éxito, a lo que se ve) ahora ya se aprestan a pelear en la Champions League del encaje, el encaje continental, así que si yo fuera un burócrata escandinavo empezaría a tirarme de los pelos.  

La dimisión de Esperanza, esa pseudoliberal costumbrista de vodevil y zarzuela, ha dejado desamparados a sus enemigos, para los que la Aguirre había alcanzado la inmortalidad mítica del malo de las películas. Salía indemne de atentados, de accidentes aéreos, de campañas electorales y por salir, salía indemne hasta de Gallardón y Rajoy. Ahora Tomás Gómez ya sabe lo que sentirá el coyote cuando se jubile el correcaminos.

El cine y la literatura, cuando son buenos son mejores que la realidad: son metarrealidad anticipativa. Por eso cuando el otro día el Príncipe Felipe, que, por cierto, tiene nombre de avenida o de estación de metro, fue a un entierro y al salir de misa le estrechó la mano a un mendigo que pedía a la puerta de la iglesia, no cometió un desliz clasista ni una incorrección, sino un acto impremeditado de berlanguismo, como si el propio Rafael Azcona hubiera guionizado la escena desde el más allá. Además, bien mirado, a los reyes, cuando son reyes como Dios manda, por derecho divino o por cojones, que viene a ser lo mismo, no hay que amarlos por sus buenas obras, sino que hay que temerlos como se temía a Fernando VII, Aegon Targaryen o a Joffrey Baratheon.

En España está bien visto sufrir. Si uno entra en cualquier bar de barrio -de esos en los que se ruedan las películas policiacas españolas- comprobará que está repleto de jubilados  e individuos en chandal de edad indefinible que practican un singular deporte de riesgo que consiste en exaltar la gravedad de los achaques, padecimientos y dolencias propios al tiempo que se minusvaloran los del prójimo: bah, eso no es nada, si yo te contara lo mío. En ese juego macabro un tumor viene a ser como un as de bastos y una operación de vesícula como un tres de copas. Eso si, la única forma de ganar es morirse, porque con esa carta se cierra la boca a cualquiera: 

- Me duele el hígado.

- Bah, que me vas a contara a mi, que ya me he muerto y todo. 

Antes de las generales Rajoy se hizo una foto para El Mundo diciendo que con él se acabaría el paro. Por ahora no hay señales de tal milagro, pero no pasa nada porque los españoles ya damos por sentado que las promesas de los políticos son como los peta-zetas, que te hacen cosquillas en la lengua pero nada mas, un batiburrillo de adjetivos redundantes que ocultan la acción, un texto al que se le han suprimido las comas para que el ciudadano se quede sin resuello si intenta leer. Una cosa leve y volátil. La nada misma.

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