viernes, 22 de noviembre de 2013

Country Music Awards 2013


 
 
Una de las cosas que me gustaría hacer antes de morirme -no es que tenga pensado hacerlo pronto, si les soy sincero todavía espero acudir a unos cuantos funerales antes de protagonizar el mío- es asistir en directo a una de las galas de los Country Music Awards, los premios anuales de la música country en Estados Unidos.
 
Ser aficionado al country en España constituye una rareza de primera: los intérpretes que aparecen en este vídeo -que incluye algunos de los mejores grupos y solistas del género de la actualidad- calculo que deben vender en nuestro país -entre todos- una docena y media de discos. Para comprobarlo basta con acercarse a cualquier centro comercial, buscar en FNAC el trocito de estantería dedicado a la música country y comprobar -con desesperación al principio, con tristeza más tarde y con una media sonrisa cuando ya te has acostumbrado- que sólo hay tres o cuatro discos de Johny Cash, que viene a ser el Manolo Escobar del género.
 
¿Saben por qué me gusta el country? Porque a los cuarenta y tres años estoy cansado de tonterías que no importan nada y que, sin embargo, cada día nos enredan y tiran de nosotros hacia el fondo del pantano con la siniestra fuerza de las malas costumbres. Las tragedias de los telediarios, la insondable estupidez de algunos compañeros de trabajo, el surrealismo de la fauna familiar, el miedo a envejecer o a no llegar a envejecer, el vértigo de la vida que pasa por el carril izquierdo de la autopista dejándonos atrás con cara de asombro, la inevitable pérdida de muchos seres a los que nunca dejaremos de querer y que sin embargo empezaremos a olvidar más pronto de lo que nos gustaría reconocer; todo eso que tanto nos ocupa y nos agobia, no importa nada al lado de lo único que de verdad cuenta: que alguien especial, alguien a quien tu consideres especial, alguien para quien tú eres realmente especial, te diga que te quiere y te bese hasta dejarte al borde del ataque cardiaco.
 
La vida es una derrota constante, una batalla perdida a plazo fijo de la que no hay escapatoria ni redención: hasta nuestro envase se pudre un poco cada día mientras rueda a trompicones cuesta abajo. De eso, que nadie se equivoque, sólo nos rescata el amor. Es cierto que ni siquiera el amor nos ofrece una redención completa, pero si hasta los amores de verano de nuestra juventud son capaces de detener el tiempo por un instante mientras ella te acaricia el pelo; del amor de verdad, de ese que ocurre tan pocas veces y que habita casi siempre en terrenos que hubieras jurado baldíos, en los márgenes de lo que creías imposible, de ese... es posible esperar cualquier género de prodigios.
 
Por eso me gusta la música country: porque cada canción habla de amor y de desamor y porque algunas de esas canciones son capaces, como los mejores besos, de detener el tiempo durante tres minutos y dejarte sin aliento.
 

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