martes, 12 de agosto de 2014

2 notas políticas

AUSTERIDAD
 
Hace tiempo que pienso que si la izquierda española quiere actualizar su repertorio (que falta hace), entre otras cosas, debe incorporar la palabra austeridad a su vocabulario. Si uno escucha a cualquier dirigente de Izquierda Unida, Podemos o del PSOE oirá hablar de  sanidad, educación, prestaciones por desempleo o ayudas a la dependencia y eso está muy bien, pero el problema de todos esos "derechos sociales" es que si un país se endeuda por sistema al final no habrá dinero para pagar ni esos derechos ni ninguna otra cosa, porque los intereses de la deuda irán devorando los ingresos y subir los impuestos (la solución clásica de la izquierda) sólo hará que las clases medias se sientan cada vez más asfixiadas. Esta evidencia está, sin embargo, ausente en el relato de la izquierda europea (y así nos luce el pelo) por varias razones:
 
1)  Porque los políticos tienen incentivos a corto plazo (yo gasto lo que sea para ganar las próximas elecciones y la factura que la pague luego Rita la cantaora).
 
2) Porque la propia expresión derechos sociales resulta equívoca. A primera vista parece que si algo, sea lo que sea, es un derecho, nadie puede ser privado de él, pero esto es incierto cuando se trata de derechos que tienen un coste: sólo existen, mal que nos pese, en la medida en que resulten sostenibles.
 
3) Y, también, porque con la reciente crisis, la austeridad se identifica con recortes sociales y con políticas de derecha. Con la Merkel, sin ir más lejos.
 
Los socialdemócratas suecos (a los que espero que nadie acusará de ser liberales ni derechistas) se han dado cuenta de que no gastar más de lo que se ingresa es fundamental y por eso proponen limitar al 1% el déficit público. Cito literalmente: "Si te preocupas por el sector público también debes preocuparte por la financiación a largo plazo del sector público y por el gasto público". Conviene decir que en Suecia el déficit público del año pasado fue del 1.1 (muy modesto para los estándares europeos, pero el más alto desde 2002 en ese país), así que me gustaría pensar que opinan los socialdemócratas suecos de nuestro disparatado déficit público que este año rondará (si la cosa va bien) el 6 por ciento.


 

No esperen que la izquierda española proponga algo similar. O, si, con mejor criterio que yo, tienen fe en que algún día algo así llegue a suceder, les aconsejo que adquieran una silla y la sitúen bajo sus posaderas para facilitar una espera que, mucho me temo, será bastante larga.

NOTA. La derecha española, casi tan socialista como los propios socialistas en materia económica, pero siempre más hipócrita en todo lo demás, enarbola la bandera del control del gasto, pero lo hace con la boca pequeña, porque sabe que los españoles esperamos del estado que sea un padre providencial, benefactor y generoso que nos colme de ayudas, así que si recorta el gasto lo hace no porque sea bueno y necesario, sino pretextando que con la herencia recibida, claro, no se podía hacer otra cosa.
 
 
INDEPENDENCIA
 
Hace poco dije que el independentismo es la nueva religión laica de Cataluña. Y como toda religión, ya va teniendo su propio catálogo de profetas. Uno de ellos, dotado de un envidiable don (o superpoder si recurrimos a la terminología Marvel) que le permite visualizar el interior de sus conciudadanos sin rayos X ni nada, ha declarado en una reciente entrevista ni más ni menos que "si se rasca dentro de cualquier catalán hay un independentista". Yo, en la misma línea argumental, intuyo que si se rasca un poco más, debajo de cada prócer de la causa independentista hay un cretino y, que si se rasca un poco más hondo, algunas veces, hasta un par de cuentas en un  banco de Andorra. Pero si afirmara tal cosa estaría incurriendo en el mismo error de generalización que el susodicho profeta, así que no lo haré por mucho que hacerlo me tiente, que me tienta bastante, para qué nos vamos a engañar.
 
 
 
 
NOTA. No me resisto a reproducir aquí esta fotografía de Muriel Casals, la presidenta de Omnium Cultural, oficiando el pregón de la Festa Major de Talamanca y enardeciendo a las masas. Para que luego digan que los catalanes no sabemos organizar festejos. Ambientazo y desbocado entusiasmo infantil. Ya quisieran los andaluces o los asturianos.
 
 
 
 

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