domingo, 31 de agosto de 2014

Cosas que uno escribe cuando anda disperso


Escribe el maestro Borges:

"Entre las cosas hay una
de la que no se arrepiente
nadie en la tierra. Esa cosa 
es haber sido valiente".

Dicho así suena estupendo, pero sucede que en el mundo real es bastante difícil separar la valentía de la osadía y esta de la temeridad y todas ellas de la estupidez manifiesta, porque rara vez sabemos si aquello que nos proponemos acometer es una idea estupenda, por la que bien valdría la pena jugárselo todo a una carta, o sólo una tontería de la que nos arrepentiremos más pronto que tarde y durante no menos de dos o trescientas noches. Supongo que es precisamente el hecho de que en la vida todas las cosas importantes ocurran sin certezas ni garantía lo que la convierte en el mejor espectáculo del mundo, aunque de cuando en cuando ese espectáculo ocurra muy a pesar de uno mismo.

Por lo que a mi se refiere tengo bastante claro que es mejor ser feliz a veces y desdichado otras que no llegar a ser ninguna de las dos cosas nunca y que no hay peor vida que la que uno no se atreve a vivir por cobardía. De todas formas, como esta noche me encuentro bastante perezoso no voy a ahondar más en estas tonterías que, por otra parte, como todo lo que se escribe, no llevan a ninguna parte, y, ya que estamos, aprovecho para despedirme con otra frase de Borges que no ha sido desmentida con el paso del tiempo, sino más bien todo lo contrario:

«Antes no se hablaba de economistas, pero el país prosperaba. Ahora casi no se habla de otra cosa, y el resultado de esos expertos ha sido la ruina del país; pero eso no importa, sigue hablándose, sigue insistiéndose en esa ciencia, posiblemente no menos imaginaria que la alquimia».





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