martes, 11 de noviembre de 2014

Actualidad política


Algunos apuntes al hilo de esta noticia:

1) Rajoy no es capaz de liderar nada. Fue elegido a dedo y a lo largo de su carrera ha demostrado ser un político del mismo nivel que Zapatero, que es lo mismo que decir sin nivel alguno. Zapatero tenía mucha voluntad y pocas luces y por eso sólo hacía tonterías y Rajoy, que tiene más luces pero que carece por completo de voluntad sólo aspira a ponerse de lado con la secreta esperanza de que los problemas se arreglen solos. Y claro, no se puede esperar que eso suceda siempre.

2) Lo de que "lidera la lucha contra los corruptos" es como para echar a correr y no parar hasta llegar a las playas de Normandía, quitarse la ropa y nadar hasta Inglaterra en cueros. 

3) El otro día leí que España se llama España sólo porque Mongolia como nombre de país ya estaba cogido. A cada día que pasa lo que creía un chiste me lo parece menos. 

4) En Cataluña hay algo menos de 2 millones de independentistas. Ya lo sabíamos antes del 9N y seguimos sabiéndolo después del 9N, así que en realidad el 9N no ha servido absolutamente para nada. Bueno, si, ha servido para rehabilitar a Artur Mas (gracias, Rajoy).

5) Viendo a algunos independentistas catalanes llorar (llorar!!!) camino de las urnas recuerdo algo que me dijo un viejo profesor: allí donde entra la ideología las ideas son desalojadas de inmediato por falta de espacio. Frente a lo que suele afirmarse el independentismo catalán (y el nacionalismo español, por supuesto) no son ideas sino formas primarias y ancestrales de adhesión tribal que invocan lo más irracional y estúpido del ser humano. Yo, que soy un individualista liberal (y un asocial, para que negarlo), contemplo estas cosas desde la distancia con una mezcla variable de asombro, risa y lastima y aunque sería razonable que me preocuparan no lo hacen en absoluto, porque no estoy dispuesto a conceder a ningún mequetrefe la facultad de quitarme el sueño, así que se independicen, que no se independicen, que se declaren la guerra o que hagan el amor o que, en fin, hagan lo que les venga en gana, a condición, eso si, de que, en la medida de lo posible, no me importunen con el bochornoso espectáculo de su solemne estupidez.




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