sábado, 11 de julio de 2015

Canciones que regresan


Benny Moré, un genio

Un hombre se propone la tarea de descifrar la historia de la humanidad. A lo largo de los años puebla las páginas de su manuscrito con un exhaustivo catálogo de lenguas y culturas, de ominosas guerras y falaces tratados de paz, de alucinantes descubrimientos científicos y efímeras hazañas deportivas, de patios, aljibes, corralas, ventas, castillos y palacios, de mercaderes, arquitectos y profetas, de filósofos que se miran en el espejo de un río, de nuevos mundos por descubrir y de viejos pesares del alma que, por ser esa nuestra condición, llevamos con nosotros allá donde vamos.

Desde su puerta contempla el ocaso y ante el severo mármol de su mesa aguarda una revelación que ilumine el vasto laberinto de la existencia humana sobre la tierra. En sueños añora un mapa del tesoro, una casa con menos galerías, una habitación con una sola puerta, una clave que le permita resolver ese enigma que intuye escondido entre los millones de historias y acontecimientos que se apilan cada día sin orden ni concierto, como las hojas que caen al borde del camino con el primer viento del otoño.

Una tarde callejeando por el Puerto de Santa María, escucha a través de una ventana el sonido de la guitarra de Paco de Lucía y de pronto comprende que aunque en el futuro nos aguarden todavía dos o tres millones de acontecimientos más o menos trascendentales, nuestra vieja civilización -esa que arranca cuando un homínido toma un hueso entre sus manos y concibe la idea de partir el cráneo de su enemigo valiéndose de él- acaba de culminar miles de años después, en el instante en que un niño que todavía no se llama Paco de Lucía le dice a su padre que él es capaz de tocar esa melodía que su hermano no consigue ejecutar. Sucederán todavía, por supuesto, muchas cosas después de esa, y de vez en cuando esa línea invisible será alcanzada por otras manifestaciones del desconcertante e inasible genio humano, pero no hay ni habrá nunca nada más allá de ese instante en el que la luz de la belleza se hace visible a través del alma de uno de nosotros. 


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