lunes, 4 de abril de 2016

Breve resumen de actualidad política (prometo no volver a hacerlo en meses, que ya se que es un asunto muy cansino)


Para dar cuenta del nivel cultural de este país basta con una pincelada: casi nadie sabe quien es Carlos do Carmo, un genio que vive ahí al lado, a tiro de piedra, y, en cambio, hasta los atropellados por un tren de mercancías en coma inducido pueden dar cuenta de las andanzas, dimes y diretes de Belén Esteban, que, para ser exactos, es exactamente nadie, la nada misma, la sublimación de la inexistencia.

El nivel de raciocinio medio de la población española es, para que disimularlo, lastimoso. En política, sin ir más lejos, un tercio del electorado se empecina en votar a un partido, el PP, anegado de escándalos de corrupción y que ha hecho del cinismo y de la hipocresía simulada y/o diferida casi un arte. Algo menos, una cuarta parte, votan a Podemos cuyas "brillantes" soluciones serían capaces de convertir en un erial este país (y cualquier país) con esa eficacia tan acreditada por la historia, cosa que, sin embargo y por alguna razón que se me escapa pero que bien podría ser la estupidez, no parece inquietar ni lo más minimo a su extravagante electorado compuesto por esgarramantas y desechos de tienta revolucionaria, pseudorojos de salón que nunca han visto una pala ni una zanja, protopijos veganos que creen que el tofu sabe igual que el queso manchego (si, seguro) y, en general, ese tipo de personas que ven profecías y revelaciones en las manchas de humedad de las paredes y en las estelas de vapor que dejan en el cielo los motores de los aviones. 

Resumiendo: gran parte de la población carece de escrúpulos y otra parte significativa carece de actividad cerebral. Habrán observado que no me meto con Pedro Sánchez ni con el PSOE y no lo hago porque no tengo nada que decir al respecto: hace años que no se les conoce ninguna idea ni buena ni mala ni regular y, además, sería de muy mal gusto meterse con un partido moribundo en el que la orquesta sigue tocando como si nada a pesar de que el agua ya les llega a la altura del ombligo a los músicos. 

En Cataluña la cosa es parecida -pero más divertida si cabe- porque aquí la política lleva ya tiempo instalada en el género de la opera bufa. Las élites burguesas y conservadoras de CIU han llegado a un acuerdo para "desconectarse de España" con las CUP, una fuerza política (o lo que quieran los dioses que sea eso) que pretende (atención, abróchense los cinturones que vienen curvas) nada menos que la destrucción del sistema capitalista y la erradicación de la propiedad privada (que opinarán los botiguers de CIU al respecto?). Todo muy coherente. Por suerte la desconexión sólo se está produciendo en las enfebrecidas mentes de los partidarios de la independencia, muchos de los cuales, tengo que decir, hace tiempo que andan con la mosca detrás de la oreja porque empiezan a olerse que la burra estelada que les han vendido estaba algo más que caducada y ya despide un cierto tufillo a cadáver. Al final de todo no hay que descartar que CIU (o comoquiera que se llame en el futuro) vuelva a conseguir lo que ha sido -ahora y siempre- su único objetivo: perpetuarse en el poder en Cataluña y manejar los dineros tirando de su habitual repertorio argumental (el maléfico estado español nos oprime, nos comprime y nos reprime y otros grandes hits diseñados para el uso y disfrute de grandes y chicos).





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