miércoles, 27 de abril de 2016

Podemos (vomitar)


Los intelectuales

Cuenta la prensa que los líderes de Podemos andan pastoreando por el Parlamento Europeo con los mofletes coloreados de orgullo a nada menos que Arnaldo Otegi como si el susodicho fuera Nelson Mandela o Martin Luther King. La noticia no me sorprende: si Osama Bin Laden no hubiera sido reventado a balazos y arrojado al océano como merecía por los marines de los Estados Unidos estoy seguro de que estos muchachos (y muchachas, por remedar su atrabiliario manejo del idioma) estarían encantados de llevárselo de copas por ahí para discutir de multiculturalidad e integración, pues es muy propio de quien carece de principios enunciarlos a grito pelado y propinándose fuertes manotazos en el pecho cual gorila en celo, no vaya a ser que alguien con dos dedos de frente se moleste en echar un vistazo detrás de las cortinas y descubra que lo único que esconde ese feroz discurso es el vacío y la nada más absoluta.

Cuando uno se declara a si mismo progresista, guay y "nueva política" (todo de un golpe) está en condiciones de hacer lo que le venga en gana, porque toda batalla dialéctica se empieza a ganar cuando uno consigue poner el lenguaje de su lado. Sabido es además que, por desgracia, buena parte de la población es -siempre y en todo lugar- completamente estúpida, así que nunca falta un nutrido grupo de individuos que al escuchar esos pomposos conceptos que expenden Pablo Iglesias y sus acólitos, primero adopta la clásica mirada de vaca viendo pasar trenes de mercancías que caracteriza al público estandar de cualquier mitin político y, acto seguido, rompe a aplaudir con todas las extremidades disponibles como si cada uno de ellos, teletransportado por la inspiradora poesía de su líder, estuviera a punto de franquear, reluciente y cromado, las puertas del Valhalla. 

La historia de Podemos es bien sencilla. Un grupito de mediocres (muy mediocres, intuyo) profesores universitarios con ínfulas, más cara que espalda y un caducadísimo ideario paleocomunista aprovecharon la tormenta perfecta formada por la crisis económica y la corrupción sistemática de los grandes partidos españoles para proponer como vía de escape y bálsamo de Fierabrás con el que sanar de una vez todos los males que aquejan a la patria un conjunto de ideas más acabadas que la delantera de un equipo formada por Cascorro, Carracuca y Matusalen. 

El único contacto con la realidad política de semejantes próceres de la patria (mucho más señoritos que proletarios, dicho sea de paso) consistió en asesorar al decadente régimen de Chavez y a su ínclito sucesor, cuyo principal mérito -muy propio por otra parte de cualquier régimen comunista que se precie de serlo- ha consistido en sembrar Venezuela de cartillas de racionamiento y presos políticos y en dejar como un páramo las estanterías de los comercios, lo que no deja de resultar irónico tratándose como se trata de un país que almacena en el subsuelo petróleo a espuertas. 

Con un ideario tan novedoso (el comunista) y de tan acreditada eficacia (produciendo regímenes dictatoriales, matando de hambre a la población y purgando a los disidentes), conjugado con una petulancia a prueba de bombas y una nula experiencia de gestión, era de esperar que un porcentaje significativo de votantes estuviera encantado de abrir las puertas a una fuerza tan "refrescante" como Podemos. Y ahí los tenemos, dando lo mejor de si mismos, que es siempre bastante peor de lo que uno podía esperar incluso en el escenario más deprimente. 

Podemos pastorea a Otegui pero, eso si, se ausenta del minuto de silencio en memoria de las víctimas de ETA convocado frente al a Eurocámara al que asistieron representantes de PSOE, PP, y Ciudadanos, porque, claro está, ser un modesto Guardia Civil descuartizado por un coche bomba de ETA en cualquier pueblo impronunciable de Guipuzcoa o un concejal de pueblo asesinado por no comulgar con la asquerosa ideología totalitaria de los filoetarras no es nada "progresista". Ernest Lluch o Miguel Ángel Blanco no son guays. Guay, lo que se dice guay, es Otegi, por supuesto.

Que infinito cansancio me produce esta gente. 

PD. El otro día malgasté (no encuentro una palabra mejor para definirlo) un rato de mi vida leyendo detenidamente el programa completo de Podemos, que está disponible en su página web. El tal programa se compone, en esencia, de propuestas delirantes y del todo irrealizables cuyo grado de modernidad se entenderá mejor si les digo que parecen redactadas por una comisión integrada por Josef Stalin, Lavrenti Beria y Nikolái Yezhov durante un breve paréntesis en la ejecución de enemigos del pueblo y transcritas al castellano por Monedero o por Chiquito de la Calzada (que intelectualmente vienen a ser equivalentes, aunque el segundo a veces hasta da algo de risa, mientras que el otro apenas produce vergüenza ajena). 




Otro intelectual



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