sábado, 12 de noviembre de 2016

Dance me to the end of love



Hay un chiste que cuenta Mickey, el padre de Ray Donovan, interpretado por ese gran actor que es Jon Voight, que, a mi juicio, resume muy bien la situación política nacional e internacional de nuestro tiempo. Un preso cuenta a uno de sus colegas que al poco de ser ingresado en prisión fue arrastrado por un musculoso recluso de dos metros de alto y ciento treinta quilos de peso al borde de una barandilla y allí, inclinado sobre el vacío, el susodicho le dijo que tenía dos opciones: bajarse los pantalones y dejar que le diera por el culo o saltar al vacío. Entonces el amigo le pregunta, ¿y qué, saltaste? Y el otro responde... bueno, al principio... un poco.

Resumiendo, por si alguno no lo ha pillado: que estamos bien jodidos. Estados Unidos ha decidido sustituir a un formidable presidente, Barack Obama que no sólo ha conseguido que su país exhiba una tasa de paro del 4,9 por ciento y que mantenga un ritmo sostenido de crecimiento económico durante los últimos seis o siete años de su mandato (no olvidemos que heredó una economía en crisis), por un imbécil que como tiene arrobas de dinero es presentado por la prensa como "el magnate", curioso término que originalmente designaba a las personas nobles y de recto proceder y que ahora se aplica, por lo visto, a gañanes sin escrúpulos rebozados en betacaroteno y dotados de habilidades empáticas homologables con las de una escopeta de feria. 

No ignoro que la historia de la civilización es pendular, como los viejos Talgos que antaño recorrían la meseta, pero hay que reconocer que a veces las oscilaciones son tan bruscas y tan carentes de sentido que cuesta saber si avanzamos hacia alguna parte o si en realidad retrocedemos hacia el primate estepario que nos observa comiéndose un plátano y hartándose a reir en lo más alto de nuestro árbol genealógico.

La democracia está muy bien (más que nada porque no hay otro régimen posible) y la gente es sabia y tal. Si. Estupendo. Sólo que la gente, muchas veces, es idiota y se comporta como tal a título particular y a nivel agregado. Y no pasa nada. Trump se irá y después de él vendrán otros presidentes buenos, otros malos y otros tan vomitivos como él. 

A veces tengo la sensación de que la vida se divierte obligándonos a apurar hasta la última gota la botella de aceite de ricino. Supongo que de eso también se aprende y no poco. Siempre perdiendo, como el título de aquel espectáculo de Faemino y Cansado que tanto me gustaba. 

PD. Cuando lean que a Trump le han votado los marginados de la recuperación económica, los trabajadores blancos en paro y no se qué milongas que los periodistas escuchan por ahí y luego repiten como guacamayos adiestrados les invito a que pronuncien conmigo mentalmente la siguiente réplica: y una mierda. Le han votado (y bastante poco, por cierto) los recalcitrantes rednecks republicanos de siempre, los fachas irredentos y los partidarios de disparar a todo lo que se mueva. Diversos estratos de escoria y residuos tóxicos que no son ni remotamente pobres (su renta per cápita es superior a 50.000 euros) pero, eso si, son idiotas y más fachas que la corbata de Bertín Osbone. Donald Trump, el adalid de los antisistema, el último recurso de los desheredados. Si, claro. Por eso están subiendo las acciones de las empresas farmacéuticas y sanitarias, porque el hombre naranja va a proteger a los marginados, como no. Hay que ser cretino. 

PD2. La gracia de esta semana es que un imbécil gana las elecciones americanas y a los pocos días se muere un genio, Leonard Cohen. Si todo esto es un chiste convendría que alguien me explicara la gracia, porque no acabo de pillarla por más ganas que le pongo. Ah, y que parara ya la broma, que ya basta. 







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