lunes, 21 de noviembre de 2016

El tiempo nos está cultivando



Todos viajamos en el tiempo. Es un viaje incesante con un único billete de ida en el que cada segundo que pasa se convierte en un segundo menos de trayecto. Por culpa del tiempo vivir es como estar metido en un barreño lleno de una disolución de ácido que poco a poco te va arrancando jirones de tu piel, algo de tus esperanzas, un poco de tus sueños y, si llegaras a vivir lo suficiente, a todas y cada una de las personas a las que has querido. 

El tiempo es un señor inflexible: no es posible escapar de él, no se puede volver atrás ni hacerle trampas (pese a las promesas de las clínicas de cirugía estética). Estamos condenados a vivirlo en presente pero somos, también, quizás más que ninguna otra cosa, la suma de nuestro pasado. E incluso ahora mismo, en este preciso instante, también pertenecemos al pasado en la vida de otros, como esa novia que te escribía cartas en las que te prometía que te amaría para siempre y que ahora -cada vez un poco menos porque el tiempo, por fortuna, también corroe los recuerdos- cuando invoca en silencio tu nombre lo hace con rabia y sin rastro de aquel viejo afecto, porque le gustaría que todo hubiera sido distinto y porque la rabia es una de los elixires más eficaces cuando se trata de digerir aquello que no encontramos forma de olvidar. 

Hay una canción de Johny Cash (Hurt) en la que el protagonista se hace daño para comprobar que sigue sintiendo y pone todos sus sentidos en ese dolor como si ese dolor fuera la única cosa real. Ese dolor es el dolor de la existencia, la conciencia del tiempo que pasa y no regresará, la certeza de que mañana, quizás, cerraremos una de esas puertas por última vez.

El tiempo es bastante hijo de puta. Cuando te diviertes, te pasa factura haciendo que el reloj vaya más rápido. En cambio, cuando te aburres se ralentiza para que disfrutes a conciencia de tu aburrimiento. Pensándolo bien pudiera ser que, como dice Rust Cole en True Detective, el tiempo sea un invento de la muerte, su propio invernadero: 

"En la eternidad, donde no existe el tiempo, nada puede crecer, nada puede llegar a ser, nada cambia. Por eso la muerte creó el tiempo, para cultivar las cosas que matará"


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