martes, 15 de noviembre de 2016

I'll never forget you, you know!



Me gustaría tener la voz grave y cavernosa de Leonard Cohen para decirte que siempre te quise y que nunca te olvidé, a pesar de tus ideas políticas completamente extraviadas por las que me gustaría meterte en la cárcel y a continuación tirar la llave y quedarme dentro contigo para que no pudieras escapar; a pesar de tu tendencia a manifestarte con el corazón en la mano y la mano apretada en un puño por causas intempestivas y hasta un poco delirantes; a pesar de esos arrebatos incontenibles en los que tan pronto querías como no querías verme y las dos cosas a la vez; a pesar de tus ingobernables episodios de acné que sólo se curaban con urgüentos, pomadas, lociones y cremas que emponzoñaban la sangre y a pesar, en fin, de esos ataques de ansiedad que de vez en cuando galopaban por tu nuca como niños ansiosos por romper los juguetes.

Y ya que estamos, por el mismo precio, añadiré, aprovechando que escribo a deshora y no me escucha nadie, que aunque nunca te vuelva a ver seguirás grabada en mi memoria por los tiempos de los tiempos, como esas viejas baladas que tararean los borrachos en los bares de carretera con una única neurona que se tambalea a punto de desmoronarse, con esa sonrisa que es casi una mueca de mascarada de invierno, con los zapatos desatados y el alma anegada por dos centímetros de un licor de color ámbar que vino al mundo huérfano de etiqueta y sin embargo, hay que reconocerlo, mal que me pese, no más huérfano de lo que yo me siento cada vez que pronuncio tu nombre.


Oh my love, take this waltz...


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