lunes, 4 de octubre de 2010

Amar contra el olvido



Los amantes olvidan. Olvidan que hubo un día en que todo lo que deseaban era estar juntos y dormir acurrucados. Olvidan porqué hay que trabajar para ganarse la vida y porqué luego, en casa, las cosas se empeñan en ponerse justo en medio y hay que ordenarlas o se nos comen vivos.

Y entre que uno ordena y no ordena, hace la compra, compra muebles en el Ikea y fracasa montándolos, saca dinero del cajero, cocina el pollo que es de corral y lleva su tiempo, va y viene al trabajo en el autobús de la línea 12 y demás asuntos perecederos, domésticos y/o burocráticos, el tiempo pasa y no se detiene, acaba la semana y llegan otra vez las navidades con todas esas postales compradas en el último viaje a Londres que nunca enviamos por pereza y que acaban almacenadas en cualquier cajón y lo que es peor, con esa extraña visita ritual a casa de un padre al que no le ha caído nadie bien desde John Wayne, que se pasa todo el tiempo viendo la tele y que guarda la ropa de mamá en el armario de la habitación de arriba como si aún estuviera viva.

Olvidamos lo primordial. Que el tiempo es un hilo frágil. Que somos afortunados si pasamos un día, una mañana, una tarde, un momento, con la persona que amamos. Que todo puede irse al carajo en cualquier instante y que, bien mirado, todo se está yendo a tomar viento un poco a cada rato. Y que en este enorme caos que es la vida, nada importante puede ser ordenado porqué las cosas triviales que ordenamos se empeñan en volver a desordenarse a cada instante como niños jugetones que jamás se cansan y nunca tienen bastante.

Al final, todo pasa, el tiempo acaba y siempre hay un adiós. Pero en lugar de ser conscientes de que sólo existe precisamente este instante en el que un sol sin fuerza se recuesta, entre cientos de ánades salvajes, sobre el espejo salobre de las lagunas de Villafáfila, nos dispersamos en una maraña de preocupaciones, cual minúsculos hamlets de andar por casa que dan vueltas todo el rato, arriba y abajo, con la cabeza llena de tonterías a problemas que sólo son producto de nuestra imaginación y nuestro miedo.

Atropellados por la realidad, superados por los acontecimientos, aferrados a sucesos que no importan en absoluto pero que nos absorben como si la vida fuera a escaparse a través de ellos, olvidamos, con tanto ruido, que lo único que importa realmente es eso que todos sabemos y que sin embargo, con una ambivalencia sobrecogedora, nos empeñamos en olvidar tanto y tan fieramente un poco cada día.

1 comentario:

  1. Graduation day, lyrics.

    La vida continúa. Las relaciones empiezan y acaban. Las relaciones más importantes de nuestra vida empiezan sin darnos cuenta. Conocemos a una persona y no podemos imaginar el papel que, para bien o para mal, puede jugar en nuestras vidas. De repente esa persona es un amigo del que no imaginamos poder prescindir o dejar de querer. Ocurre a veces que queremos sin querer querer. Sucede también, por el contrario, que dejamos de querer sin darnos cuenta y que aquella persona que creíamos tan importante en nuestra vida, deja de estar en nuestro pensamiento, sin rastro de dolor, como si volviéramos al punto de partida en el que nunca estuvo. No queda ni vacío. Puede que no quede ni el recuerdo de un día pero la vida continúa.

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