miércoles, 11 de enero de 2012

Poison in my blood



Ella sólo bebía whisky con cola. Southern Comfort, un whisky oscuro y dulzón que dejaba marcas aceitosas en las mesitas de noche de los moteles de carretera y que, mezclado con coca-cola, olía a a jarabe para la tos.

Me miraba con curiosidad, con unos ojos fieros y divertidos, como de indio apache y me amaba con un estremecimiento primitivo que yo, en el fondo, consideraba algo infantil, pero que era, hoy lo se, amor, amor de verdad, ese que se da pocas veces y que pasa por entregarlo todo -toda su vida, todo- sin pedir nada a cambio.

Para abreviar la historia diré sólo que hice las cosas rematadamente mal, como acostumbro. Tan mal y durante tanto tiempo que no tuvo más remedio que intentar olvidarme.

Supongo que lo consiguió y ahora, mucho tiempo después, estoy aquí, pensando en ella,  mientras conduzco por Mulholland Drive.

El sol ha empezado a inclinarse sobre el horizonte y el viento del desierto arrastra un polvo tan minúsculo que atraviesa el filtro del aire acondicionado y se cuela hasta en los recuerdos.

'Cause you and Tequila make me crazy
Run like poison in my blood"
(Kenny Chesney, You and Tequila)


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