martes, 27 de agosto de 2013

Preguntas



A veces les pregunto a mis amigos más íntimos cosas que mucha gente, por pudor, no se atreve a preguntar o que habitualmente sólo se preguntan con esa curiosidad banal que suele estar dirigida a partes iguales por el morbo o por la estupidez:  ¿Cómo te sentiste al levantarte de la cama después de tantos meses? ¿Te costó reanudar tu vida?

En mi caso esas preguntas son imprescindibles porque aspiro, en secreto, a entender a los demás no de un forma superficial y cortés, sino muy de verdad y bien a fondo, como un niño ciego que intenta averiguar cómo funcionan los resortes del pequeño universo que le rodea y que para conseguirlo no tiene más remedio que desgastar la paciencia de los demás a base de interrogaciones.

A veces, por suerte, en el curso del camino uno se encuentra con personas realmente excepcionales, de esas que te hacen sentir reconfortado con las innumerables desdichas de la raza humana. Yo cuento con algunos -muy pocos- amigos de ese tipo y créanme si les digo que no los cambiaría por todos esos millones que Bárcenas acumula en sus cuentas suizas y que hasta antes de ayer utilizaba para pagar las copas de Moët &Chandón, sus cenas en Baqueira y a saber qué otros delirios que mi modesta condición de funcionario no me permite siquiera imaginar.



Arañas en el techo

Cada día
observo las arañas del techo
y les leo versos, 
es sabido que las arañas 
son muy receptivas
si se las trata con prudencia.

Ellas me miran curiosas
mientras van de acá para allá
y yo, un poco conmovido
por tanta atención,
les explico lo que ocurre
al otro lado de la ventana.

Que ha empezado a hacer calor
que el río baja crecido
que he salido a tomar un café
y que estaba un poco amargo,
que un halcón peregrino
ha aterrizado en el prado.

Nuestros encuentros
son sobrios y sencillos, 
exentos de fervores inútiles,
  y me conocen tan bien que saben
cuando ha llegado el momento
de proseguir su camino.


PD. Dedicado a Javier y a su padre, que nunca aprendieron a rendirse y a su madre que ahora abraza lentamente el olvido, en el deseo de que pronto volvamos a encontrarnos.

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