domingo, 13 de octubre de 2013

Aburrida, simple, asombrosa e insondable



Para saber si un escritor es bueno, bueno de verdad, basta con leer un puñado de líneas, una frase, cuatro palabras. Con la reciente premio Nobel (me cuesta pronunciarlo como al parecer se debe) Alice Munro ocurre exactamente eso: basta con alcanzar la primera frase de una de sus obras (La vida de las mujeres) para saber que estamos en presencia de uno de esos genios perturbadores y desasosegantes que de cuando en cuando nos asaltan desde los libros:

"La vida de la gente, en Jubilee como en todas partes, era aburrida, simple, asombrosa e insondable... cuevas profundas cubiertas de linóleo de cocina".

Aburrida, simple, asombrosa e insondable. 

En cuarenta y tres años jamás había escuchado una definición mejor de la vida.

Ay... las palabras....




Há palavras que nos beijam
Como se tivessem boca,
Palavras de amor, de esperança,
De imenso amor, de esperança louca.
Palavras nuas que beijas
quando a noite perde o rosto,
palavras que se recusam
aos muros do teu desgosto.
De repente coloridas
entre palavras sem cor,
esperadas, inesperadas
como a poesia ou o amor.
(O nome de quem se ama
letra a letra revelado
no mármore distraído,
no papel abandonado)
Palavras que nos transportam
aonde a noite é mais forte,
ao silêncio dos amantes
abraçados contra a morte.
 

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