sábado, 25 de octubre de 2014

Musicales



No me gustan los musicales y por eso no fui al cine a ver Los Miserables. Que la gente se arranque a cantar y bailar en medio de la acción poco menos que sin venir a cuento me resulta ridículo y me aparta, aunque no quiera, del curso de la narración. Al verla en televisión (creo que es la tercera vez que lo hago) descubrí que eso no me ocurre con Los Miserables, quizás porque el relato es casi totalmente musical y las canciones son, de hecho, la narración en si misma; quizás porque se canta pero no se baila -eso si que no lo aguanto- y, con toda seguridad, porque contiene varias historias fascinantes: la obsesión de Javert por la estricta aplicación de la ley que le lleva a una paradoja lógica y al suicidio (¿como continuar persiguiendo a un delincuente que acaba de salvarte la vida? ¿cómo empezar a dudar cuando estás construido para no hacerlo?), el amor no correspondido de Eponine, la oscura batalla contra la tiranía a la que estaremos condenados mientras el mundo no deje de ser lo que es y la inquietante sombra del pasado que se cierne sobre Jan Valjean, condenado a diecinueve años de prisión por un crimen consistente en robar una hogaza de pan (si su pena fuera proporcional Miguel Blesa debería ser testigo desde la cárcel de cómo, dentro de 5.000 millones de años -año arriba, año abajo-, nuestro desgastado sol se va quedando sin combustible y se convierte en una estrella roja gigante que arrasa nuestro planeta).

Lo mejor de la película son Samantha Barks (Eponine) que además de ser preciosa (que está muy buena, quiero decir) canta como los ángeles y un siempre atormentado Rusell Crowe (Javert) que tiene, por cierto, una presencia escénica que juzgo incomparable. Y un puñado de canciones de las que no se borran con facilidad de la memoria (At the end of the day, A heart full of love, One my own, One day more) incluso de los que tienen más bien poca sesera como yo.








Ya se que muchas veces me repito y acabo contando algo que ya les conté en otras ocasiones. En mi descargo puedo alegar que como todo lo escribo yo y por definición yo soy sólo uno no debe resultarles raro que de vez en cuando me repita. Y llegado el caso, si me viera en un apuro, también podría invocar lo que el maestro Borges dijo en una ocasión análoga, cuando un aspirante a literato le reprochó su tendencia a escribir una y otra vez el mismo libro: a vos os ocurre lo mismo, sólo que en vuestro caso la primera versión es de otro. Frase, que por cierto, hubiera firmado mi madre y que es tan de su estilo que casi me parece imposible que no sea suya.

PD. Borges lo transcribió literalmente así: En su cenáculo de la calle Victoria, el escrítor -llamémoslo así- Alberto Hidalgo señaló mi costumbre de escribir la misma página dos veces, con variaciones mínimas. Lamento haberle contestado que él era no menos bínario, salvo que en su caso particular la versión primera era de otro. Borges dice que lamenta su respuesta. Pero no lo lamenta, se lo digo yo: en esas ocasiones uno se queda tan ancho que hasta te aprieta la camisa. 

PD2. La banda sonora completa, dos horitas de música con las que además se aprende un montón de inglés, cosa que nunca va mal:





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