miércoles, 27 de mayo de 2015

Culpables




“Siempre hay que correr el riesgo de defender a un culpable, si existe la sospecha de que sea inocente”.

Leonardo Sciascia, Negro sobre negro.


La frase me viene que ni pintada porque Grecia es un país al que adoro por muchas buenas razones que darían para un post mucho mas largo que este y además los griegos, esos mismos a los que ahora todo el mundo señala con su dedo acusador, son unos individuos que me caen estupendamente y por eso, aunque ya se haya dicho alguna que otra vez, no está de mas repetir la verdad, por más que ésta resulte inconveniente: la Unión Europea, el Parlamento Europeo, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, los bancos alemanes que financiaban los fastos, Mario Draghi, Ángela Merkel, Durao Barroso y, como ellos, cualquier hijo de vecino que contara un mínimo conocimiento de la realidad económica europea eran perfectamente conscientes del latrocinio que la clase política helena estaba ejecutando a costa de los fondos públicos; así que toda esta saña que ahora se despliega contra el pueblo griego me parece un acto de hipocresía y un rasgarse las vestiduras muy propio de madames de prostíbulo con más antecedentes penales que los tesoreros del PP, que ya es decir. Por eso mismo, incluso ahora, cuando parece evidente que el pueblo griego es el culpable y que ha de pagar la factura de lo que otros han robado, conviene recordar la norma básica de comportamiento social que propugnaba ese genio de Racalmuto llamado Leonardo Sciascia y no, desde luego, para lavarse las manos ni para ejercer esa retórica diletante tan propia de los domingos por la tarde en cualquier casino de pueblo que se precie de serlo, sino, simplemente, por razones de escrupulosa higiene moral, que es algo de lo que andamos –todos, no sólo los griegos y acaso los españoles en particular– muy faltos. 

PD. El otro día un amigo me preguntó qué quería hacer cuando fuera mayor. Quería saber cómo aprovecharía el tiempo después de jubilarme, si me apuntaría a un gimnasio, si me compraría una bicicleta de carreras o si haría calceta y punto de cruz. Como no tuve ocasión de responderle aprovecho para hacerlo ahora de forma gráfica:



O sea, para que no haya lugar a dudas ni a malas interpretaciones: lo que viene siendo tocarme los cojones.


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