domingo, 10 de julio de 2016

Creta

Ausencia obligada del blog por una buena razón: una semana de vacaciones en Creta (sin incidentes con Vueling, aunque parezca imposible). Una isla enorme, de más de 8.000 kilómetros cuadrados -casi tan grande como mi tierra, Asturias, que apenas pasa de 10.000-. Playas increíbles, una temperatura sin los excesos tropicales que asolan Lleida en estos días, gente encantadora, precios la mar de asequibles en todo y en particular en la comida y un ambiente nocturno impresionante, en especial en La Canea/Chania (en realidad en todas partes, a los cretenses les encanta salir por la noche y dejarse ver y a las cretenses más todavía). 

De vuelta me traigo un montón de paisajes y de recuerdos y algunas canciones griegas que me servían de banda sonora cuando conducía el coche de alquiler por las delirantes carreteras cretenses en las que el arcén (sí, el arcén) se considera el carril de la derecha, procedimiento que permite convertir, con cierto peligro para la integridad física de los pasajeros, eso sí, cualquier carretera de mala muerte en autopista. Y la verdad es que a todo se adapta uno, porque, a fuerza de hacer kilómetros los últimos días ya adelantaba a lo Too Fast Too Furious como un lugareño más, aprovechando, además, que los asturianos estamos acostumbrados a las curvas y a las constracurvas desde bien pequeños. 






Me encantan las islas griegas (si no se me olvida alguna ya he visitado Skiathos, Skópelos, Alonissos, Santorini, Naxos y, ahora, Creta). Es como estar en casa, pero en una casa en la que la gente es bastante menos estúpida y mucho más agradable de lo que suele acontecer por estos lares. Mención especial para la habilidad de los cretenses para aparcar su coche en cualquier sitio: en medio de la carretera, encima de un árbol, en plena acera, debajo de un gato, dónde sea. 


Hania/ La Canea (mi ciudad favorita de este año)


Marathi beach (un pequeño paraíso)


Elafonisi (un lugar increíble al que se accede por carreteras infernales)


Knossos, lo que el tiempo no ha borrado casi cuatro mil años después (con la ayuda de un poco de maquillaje británico)


La piscina del hotel, el muy recomendable Royal Sun (casi siempre vacía!)


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