martes, 12 de julio de 2016

Se nos mean en la cara

Una de las mayores excentricidades de la política española consiste en que la mentira no sólo no parece acarrear sanción alguna por parte del electorado, sino que, lejos de eso, está tan interiorizada y asumida por todos como parte del paisaje que uno puede salir en Televisión, contar una trola descomunal y quedarse como si tal cosa.

Les pondré un ejemplo que me parece fascinante. Durante un reciente debate electoral en Televisión Española Pablo Casado, a la sazón joven promesa del Partido Popular, mostró sin rubor ni asomo de vergüenza el siguiente gráfico:

Aquí falla algo

Cualquiera con medio dedo de frente se dará cuenta de que se trata de una grotesca manipulación que no requiere mayor análisis: los números no cuadran ni por casualidad y por si eso fuera poco -que no lo es- el diseño del gráfico en si mismo resulta abominable, porque los 180 mil millones de 2011 ocupan (así a ojo) la séptima parte que los 187 mil de 2016 y huelga aclarar que 180 mil multiplicados por siete no son 187 mil. Y todo eso lo noto hasta yo, que soy más de letras que Alonso Quijano.

El gráfico en cuestión debería ser así (descontando y sin descontar la inflación): 


Igualito que el anterior, vamos

Lo que me asombra y me descorazona a partes iguales no es la mentira en si misma (que quizás se debe a que el que hace los gráficos en el PP era el mismo que antes les llevaba la contabilidad). Y tampoco el hecho de que se trate de una mentira soez percutida en la cara de todos los televidentes, a los que resulta obvio que los diseñadores de la gráfica y, mucho me temo que buena parte de la casta política en su conjunto, consideran imbéciles. Lo que me fascina es que una vez descubierto el embuste Pablo Casado ni siquiera se sintió obligado a disculparse. En lugar de eso se limitó a... no hacer nada y a proseguir su actividad política como si tal cosa. Y ahí le tienen haciéndose el graciosete y el modernillo por todos los telediarios y fiestas de pueblo, como si acabara de inventar la penicilina o de enunciar la tercera ley de la termodinámica. 

¿Por qué ocurre algo así y nadie se solivianta? Intuyo que hay varias razones. La primera es que a los españoles los hechos, ya va siendo hora de reconocerlo, nos sudan la polla. Nosotros somos de opinar y de opinar mucho, sobre cualquier cosa y bien fuerte, a ser posible a voz en grito y dando golpes en algún objeto sólido que ande por ahí a mano. Si nuestra opinión no se acompasa con la realidad que se joda la realidad. Si toda la evidencia indica, por ejemplo, que nuestro sistema educativo en vez de converger con el de Finlandia va camino de empatar con el de Burundi aquí nadie se inquieta lo más mínimo. Será que nos tienen manía, como en Eurovisión, porque es sabido que somos los mejores. Y que en España se vive como en ninguna parte. O no?

A esa desafección por el empirismo -que es causa de muchos de los males que nos aquejan, porque no se puede mejorar nada que no se conoce y el conocimiento se construye con información y esta se elabora procesando datos- se suman otros problemas. Para empezar somos un país de pícaros y los pícaros se perdonan las mentiras unos a otros porque se saben tan mentirosos como el que está al otro lado de la pantalla, así que que éste trate de colarles una trola les parece lo más natural del mundo. Por eso no se castiga electoralmente la corrupción, porque lo que el español medio piensa al respecto (en el fondo) es, ay!, quien pudiera... quién se viera en una igual...

Con esta mentalidad la política se convierte en un teatrillo de sombras e imposturas, en una milonga arrabalaria de escorzos, fintas, requiebros y engaños, en un mercado persa de baratijas, indemnizaciones simuladas en diferido y sobres que van y que vienen en el que nada es verdad ni mentira y todo es del color del cristal político con el que se mira. Que pillan a uno robando: si es de los míos, hay que respetar la presunción de inocencia, si es de los otros hay que asumir responsabilidades de forma inmediata. Que hay que evaluar cualquier propuesta: al amigo todo, al enemigo nada. Puro subjetivismo: siempre quién y nunca qué. 

Por eso no avanzamos: porque no vamos hacia ninguna parte, porque no hay ideas sólo táctica cutre, oportunismo y filibusterismo. Nada más. 


El muchacho apunta condiciones, a este paso -como poco- llegará a Tesorero del PP

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Algún comentario?