miércoles, 12 de octubre de 2016

A close watch on this heart of mine


A mi juicio la principal diferencia entre la música pop/rock y el country radica en que en el pop/rock (a estos efectos la distinción resulta irrelevante) somos lo que nos gustaría ser si la dinamita que nuestros sueños llevan dentro explotara y cobraran vida de un día para otro: héroes de película de acción, reyes de la fiesta, arquitectos de la felicidad y amantes de la luz. 

El country no aspira a tanto y por eso, como un pájaro de vuelo rasante, no necesita tomar altura para dejarnos plantados frente al espejo de lo que somos de verdad. Hay música country en el aire espeso de la habitación vacía en la que un día fuimos felices, en el paisaje formado en el suelo por las limaduras de madera del taller de un carpintero, en las cicatrices que quedan, en fin, dentro de todos y cada uno de nosotros -por debajo del ruido y la inagotable cháchara de la existencia- cuando el día se acaba y el corazón sigue bombeando sangre a través de las arterias. 

Ocurre que, como dice Kacey Musgraves, you can take me out of the country but you can take country out of me (podéis echarme del country pero no podéis arrebatarme el country que llevo dentro). Así, es, ni más ni menos: nadie puede privarte de aquello que, como el amor de verdad o la música country, ni siquiera tuviste que elegir porque, sin saber cómo, un buen día apareció de la nada y te eligió a ti.

Por eso, en palabras de ese genio llamado Johny Cash:

I keep a close watch on this heart of mine
I keep my eyes wide open all the time
I keep the ends out for the tie that binds
Because you're mine, I walk the line


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