domingo, 15 de enero de 2017

El mierda


Claro que el hombre viene del mono, el hombre negro viene del mono naranja, sólo que entre los dos debe haber, así a ojo, como dos o tres mil eslabones perdidos

Vivimos en una sociedad que rinde un culto desmedido a la victoria y que ha hecho del triunfo, conseguido de la forma que sea, un valor en si mismo. Por eso ahora que, contra pronóstico, Donald Trump ha ganado las elecciones americanas se alzan por todas partes voces que reclaman respeto y que nos recuerdan que "el pueblo es sabio y nunca se equivoca". 

Al escuchar tales majaderías resuenan en mi cabeza tres frases. La primera, de Borges, que decía que la democracia era una superstición muy difundida, un abuso de la estadística; la segunda, de George Bernard Shaw que -con gran perspicacia- consideraba que la democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida por la elección hecha merced a una mayoría incompetente y, la tercera, de mi propia cosecha: mis cojones, hombre, mis cojones. 

No, no abomino de la democracia. Es el único régimen político factible (todos los demás o son peores o son imposibles, que es otra forma de ser peores). Y lo que me preocupa tampoco es esa crítica un poco ventajista, a toro pasado y cuñadil que consiste en decir que en los regímenes democráticos o bajo su paraguas han germinado, con demasiada frecuencia, dictaduras más o menos infames. Todos mis lectores saben a qué me refiero y no abundaré en este asunto. 

Lo que me parece grave de verdad es que tengo la sospecha de que en cada momento la democracia nos devuelve una imagen especular del pueblo, una especie de selfie colectivo y por eso ahora, en esta etapa de cambalache existencial en el que la verdad es igual que la mentira, la superstición amenaza con sustituir otra vez a las artes y las ciencias y da lo mismo ser derecho que torcido, Donald Trump es -tenía que ser, estaba condenado a ser- el hombre del momento.

Obama no era ni africano, ni musulmán, ni homosexual, ni reptiliano, ni comunista como dijeron sus fanáticos y muy delirantes detractores (entre ellos el ínclito Donald que, como siempre, luego dijo que él jamás había dicho lo que por supuesto sí que dijo). De hecho, Obama podría ser todas esas cosas a la vez y seguiría siendo infinitamente mejor que Donald Trump, porque es una persona digna, educada, noble y con clase y Trump es justo todo lo contrario. 

Por cierto, ya que estamos con el asunto les diré que a mi, con toda sinceridad, a estas alturas de la película, me importa muy poco que haya o no un vídeo del susodicho siendo regado por los desechos líquidos de unas prostitutas soviéticas. Por mucho asco que me produzca evocar esa imagen -y créanme si les digo que intento no hacerlo- soy un firme partidario de que cada uno se divierta como mejor pueda o sepa, mientras esa diversión no entrañe daño o peligro para terceros.

El problema es que Trump es, empleando la fina terminología que se empleaba en los recreos de mi colegio para definir a un personaje de esa catadura... un mierda. Un mierda integral tan mierda que no hay ni por donde cogerlo, porque da asco por los cuatro puntos cardinales: es machista, es quejica, es vengativo, es mentiroso hasta el infinito y más allá, es hipócrita, es ignorante y faltón y dos o trescientas cosas más que por prescripción médica no voy a transcribir, porque sólo de pensarlo se me sube la bilirrubina, acabo hiperventilando y todavía tendría gracia que en vez de morirse él, que sería lo suyo, me acabara muriendo yo. 

Pensar que un tipejo de esa calaña tiene a su mando a la CIA, al FBI y al alcance de sus protosimiescos dedos de gañán el botón nuclear es como para echarse a temblar. Pero pensar que unos cuantos millones de cretinos creyeron que ese memo era su mejor opción electoral es como para echar a correr y no parar hasta el sistema estelar Alfa Centauri, que está a poco más de 4 años luz, casi demasiado cerca como para poner tierra de por medio con tanta tontería.

PD. Ya se que hay que es conveniente ser más comedido con el lenguaje, pero tengo la sensación de que la corrección política no ayudó precisamente a derrotar a Trump sino más bien todo lo contrario. Si un tío es un mierda acreditado y un capullo integral hay que decírselo a la cara y hay que repetirlo una y otra vez hasta que esa evidencia se asiente en la cabeza de sus descerebrados votantes. 

PD2. De todas las especies electorales me fascina muy especialmente ese colectivo al que las encuestas denominan "indecisos". Me refiero a esa clase de sujetos que si tuvieran que elegir al jugador del año entre Messi y mi primo el churrero octogenario aquejado de espondilitis anquilosante y cojo por un disparo recibido de rebote en una rodilla durante la guerra civil dirían... ummm... no lo se... todavía no puedo pronunciarme... tengo que reflexionar al respecto. Menuda gentuza pusilánime. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Algún comentario?