viernes, 11 de noviembre de 2011

La verdad, el PP, el PSOE y que, visto en perspectiva, probablemente estamos donde nos merecemos (I)

Ahora que el pendulo vira hacia la derecha y el PP se presenta en sociedad como la panacéa política universal -por contraste con la candorosa inepcia de Zapatero-, parece el momento de recordar algunos de sus desastres.

Uno de ellos -ni el único ni el mayor- es la faraónica Ciudad de la Cultura que Don Manuel (Fraga, por supuesto) decidió erigir, a modo de mausoleo, en un monte compostelano. El proyecto, que iba a costar poco más de 100 millones de euros y lleva ya triturados más de 400 (los dos edificios principales están todavía sin construir, con lo que previsiblemente acabará costando más de 600), contaba, por ejemplo, con una biblioteca con capacidad para un millón de libros (más grande que la Biblioteca Nacional de Berlín) y un Palacio de la Ópera equiparable al de Nueva York (sólo que para una ciudad de 90.000 habitantes).

Sin embargo, no me interesa tanto abordar aquí -por obvio- el asunto del despilfarro, como dos cuestiones colaterales que no lo son tanto:

1) El amargo precio de la verdad.

Según cuenta en El País el arquitecto Pedro de Llano, él fue de los pocos que se atrevieron a decir desde el principio que el rey estaba desnudo. Consecuencia:  "Quedé marginado de los encargos de obras públicas. Algunos de los que ahora critican la Cidade procuraban mantenerse alejados de mí, para que no les relacionasen conmigo. Los arquitectos se callaron, no quisieron saber nada del tema. Y los medios... El poder económico que tiene el Gobierno gallego aquí sobre los medios es tan grande que nunca hubo una investigación rigurosa para demostrar el disparate del proyecto. Y a nadie se le ocurría pensar cómo íbamos a llenar esos edificios y con qué presupuestos.

2) El PSOE, o porqué NO todo lo que le pasa al PSOE es culpa de la crisis como creen (o afirman) sus preclaros líderes.

Sigue contando Pedro de Llano: "Pero lo peor vino cuando llegó el bipartito [el gobierno del PSOE y el Bloque Nacionalista Galego presidido por el socialista Emilio Pérez Touriño entre 2005 y 2009]. Hasta entonces yo le había facilitado a Touriño muchos informes técnicos para sus intervenciones parlamentarias contra la Cidade da Cultura. Éramos amigos, él me invitaba a cenar a su casa y a veces venía a la mía. Pero en cuanto ocupó la presidencia, yo publiqué un artículo pidiendo que, de momento, parasen la obra y tras hacer una auditoría rigurosa se decidiera qué hacer con el proyecto. A partir de ese momento, prácticamente me dejó de hablar. Dijo en una conferencia de prensa que pasaría por encima de quien se opusiera a la Cidade. Y ahora, nos vemos por la calle y adiós, adiós. ¿Cómo es posible que dos partidos que criticaron al PP durísimamente por la Cidade da Cultura asuman como propio el proyecto al llegar al poder y se enfrenten a quien lo critique? Al final, la obra solo la ha parado la crisis. Y el mérito por pararla se lo va a llevar el PP, que fue el que la inició".

Resumiendo. No se trata, sólo, de un problema de despilfarro. Es algo mas: es el retrato de una época en la que cualquier estupidez era posible sólo porque había dinero para pagarla (léase financiarla). Y, de paso, el retrato del PP -dispuesto a cualquier barbaridad sin inmutarse- y del PSOE -dispuesto a defender una cosa y la contraria como si tal cosa-.

Es The Wire pero en España en lugar de en Baltimore: políticos ineptos y corruptos a partes iguales, medios de comunicación al servicio del poder y ciudadanos adormecidos que lo aguantan todo sorbiéndose los mocos, absortos en la contemplación de las últimas hazañas de Belén Esteban.

1 comentario:

  1. Un claro ejemplo de lo que ha pasado durante mucho tiempo, seguro que no el más grave ni el más costoso. Todos hemos visto casos parecidos muy cercanos.

    Sólo hay una cosa con la que no estoy de acuerdo: no nos merecemos estar donde estamos, son los que, por acción u omisión, han venido haciendo estas barbaridades, los que no se merecen estar donde están.

    Lo de menos es cómo se llaman, nunca pierden.
    La calidad de la sanidad, la educación y el transporte público (viajan en coche oficial, con chófer incluído, of course) les importa en la medida de los contratos que pueden licitar.

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