domingo, 12 de febrero de 2012

Kate Beckinsale (episodio final)



Ayer Kate Beckinsale me llamó al móvil. Tres veces. Fue por la tarde y yo estaba ocupado en cosas importantes como sacar la basura y cambiar las pilas a la radio de la cocina, así que no pude hablar con ella.

Por la noche, mientras yo estaba entretenido escribiendo algo en mi blog me invitó a una videoconferencia desde Londres y no fui capaz de escaquearme.

Me confesó que era lectora asidua de mi obra y que, desde hace tiempo, sentía hacia mi una extraña atracción que solo acertaba a definir, cito palabras textuales, como una mezcla entre una incendiaria pasión sexual y una devastadora atracción espiritual.

Me confesó que era consciente de que, a los ojos de un ser tan profundo y complejo como yo, ella debía parecer sólo una más de tantas actrices de Hollywood consagradas al por lo común poco edificante cine comercial, pero que, en su descargo, era preciso añadir que poseía una licenciatura en literatura inglesa y potentes inquietudes culturales que sus pasadas relaciones de pareja no habían sido capaces de colmar.

No obstante, prosiguió, su natural timidez le había impedido expresar los sentimientos que albergaba hacia mí hasta que, en las últimas semanas, habiendo observado que yo le había dedicado precisamente a ella varias de las últimas entradas de mi blog, comenzó a albergar la tenue esperanza de que esos sentimientos que llevaba tiempo conteniendo pudieran por fin materializarse en forma de relación estable y, a ser posible, matrimonio con el consiguiente convenio prematrimonial en el que, dicho sea de paso, ella me cedía la mitad de todos sus bienes para el caso improbable de que uno de los dos -seguramente tú, añadió ella- decidiera poner fin a la relación por cualquier causa.

Yo asentía todo el rato con aire benevolente, procurando no dejar translucir demasiado entusiasmo cada vez que ella, mirándome fijamente a los ojos,  meneaba su frondosa cabellera.

Cuando me desperté descubrí con asombro que todo era cierto. No había sido un sueño.

Contra todo pronóstico el Osasuna nos había ganado 3-2.


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