domingo, 3 de marzo de 2013

Lo que pensaba Borges y, de paso, lo que pienso yo





Siempre he pensado que en el improbable caso de que algún día yo llegue (es muy posible que por despiste) a un lugar con cierto parecido con el paraíso, sólo tendré la certeza de que lo es realmente si compruebo que los funcionarios celestiales redactan con la perfección formal del maestro Borges. Pero no dedicaré esta entrada a esa cuestión sino a sus ideas políticas. 

Para empezar Borges era un individualista furibundo. Una vez dijo: 

"si me dicen que todo mi pasado ha sido fatal, ha sido obligatorio; no me importa; pero si me dicen que yo, en este momento, no puedo obrar con libertad, me desespero".

Por eso denuncia el abuso de algunos conceptos -clase obrera, pueblo, nación, patria- hacia los que se sienten tan inclinados los políticos, los vendedores de crecepelo y otras modalidades de canallas de todos los tiempos:

"Yo creo que sólo existen los individuos: todo lo demás, las nacionalidades y las clases sociales son meras comodidades intelectuales.", "Las masas son una entidad abstracta y posiblemente irreal".

A este asunto dedica incluso una página literaria específica sobre el tema, "Tú", que comienza así: 

"Un solo hombre ha nacido, un solo hombre ha muerto en la tierra. Afirmar lo contrario es mera estadística, es una adición imposible. No menos imposible que sumar el olor de la lluvia y el sueño que anoche soñaste".

El libre albedrío y el individualismo le permitían desplegar una honda preocupación ética:

"...creo que si cada uno de nosotros pensara en ser un hombre ético, y tratara de serlo, ya habríamos hecho mucho; ya que al fin de todo, la suma de las conductas depende de cada individuo." 

Por eso descree del Estado...

"El más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo". "Se empieza por la idea de que el Estado debe dirigir todo; que es mejor que haya una corporación que dirija las cosas, y no que todo quede abandonado al caos o a circunstancias individuales y se llega al nazismo o al comunismo. Toda idea empieza siendo una hermosa posibilidad, y cuando envejece es usada para la tiranía, para la opresión."

 ... y de los políticos. Interrogado sobre ellos dijo una vez lo siguiente:

"En primer lugar no son hombres éticos; son hombres que han contraído el hábito de mentir, el hábito de sobornar, el hábito de sonreír todo el tiempo, el hábito de quedar bien con todo el mundo, el hábito de la popularidad..."

No se me ocurre una descripción mejor. Por lo demás, aunque es bien conocida su opinión acerca de la democracia,

"Me sé del todo indigno de opinar en materia política, pero tal vez me sea perdonado añadir que descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística." 

...Borges no era un antidemócrata, sino alguien que, como buen individualista, tenía más fe en los individuos que en sus gobiernos:

"Tengo la sospecha de que la forma de gobierno es muy poco importante, de que lo importante es el país. Vamos a suponer que hubiera una república en Inglaterra o que hubiera una monarquía en Suiza: no sé si cambiarían mucho las cosas; posiblemente no cambiarían nada. Porque la gente seguiría siendo la misma. De modo que no creo que una forma de gobierno determinada sea una especie de panacea. Quizá les demos demasiada importancia ahora a las formas de gobierno, y quizá sean más importantes los individuos"

Yo ya era liberal cuando leía a Borges y desde luego su lectura no me animó a cambiar de opinión. Como en ocasiones me preguntan que quiero decir cuando afirmo que soy liberal y que mucho me temo que en España casi nadie lo es aprovecharé la ocasión para explicar qué significa ser liberal tomando prestadas las palabras de un distinguido historiador de la Universidad de Harvard, Bernard Bailyn, quien en 1973 escribió un ensayo titulado The Central Themes of the American Revolution (Los temas centrales de la Revolución Americana) en el que puede leerse lo siguiente:

Aquí se hicieron realidad los temas principales del liberalismo radical del siglo XVIII. El primero alude a la creencia de que el poder es perjudicial. Puede que sea una necesidad, pero es una necesidad perjudicial. Es algo infinitamente corruptor y debe ser controlado, limitado y restringido de todas las formas compatibles con un mínimo de orden civil. La Constitución escrita, la separación de poderes, la Carta de Derechos, los límites sobre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, las restricciones al derecho de represión y a la guerra organizada son evidencias que expresan la profunda desconfianza en el poder que yace en el corazón ideológico de la Revolución Americana, desconfianza que ha permanecido desde entonces en nuestros corazones.

Mucho me temo que algo de eso se nos ha olvidado y por eso en los Telediarios se ven las cosas que se ven.

PD. Cada vez que algún político proclama con voz engolada, como ocurre con tanta frecuencia, que su único interés es el interés general y que no hay nada de orgullo mal entendido, beneficio personal ni ansia de poder en su desempeño debería ser ejecutado al alba: por mentiroso o, lo que es casi peor, por ser tan idiota como para deglutir sus propias mentiras.

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