domingo, 2 de marzo de 2014

Conservadores

Me reprocha un amigo -con algo de razón- que en mi entrada anterior haya dicho que los funcionarios somos de natural conservador, cuando, como es natural, en el colectivo debe haber de todo, como en botica. 

Para responder a ese reproche tengo que decir, en mi descargo, que en España suele confundirse conservador con facha. Conservadores eran los republicanos norteamericanos que defendían la abolición de la esclavitud -hasta el punto que se llamaba conservadores radicales a los que, yendo más allá, propugnaban completa la igualdad de derechos entre razas-. Conservador era Lincoln, que contra viento y marea y contra la férrea oposición del partido demócrata, consiguió que las instituciones federales proscribieran la esclavitud. Los demócratas, en cambio, eran antiabolicionistas y no sólo eso... el Ku Klux Klan original era una sección del Partido Demócrata del Sur cuya misión era aterrorizar a los esclavos y a los republicanos que simpatizaban con su causa.



En la década de los sesenta, Einsenhower, un republicano, integró a las minorías en el ejército estadounidense e hizo aprobar el Acta de Derechos Civiles de 1957.  Años más tarde, la histórica Acta de Derechos Civiles de 1964 fue votada en el Congreso por el 80% de los republicanos y sólo por el 63% de los demócratas....



Conservador era Churchill, que en vez de conformarse con los pasteleos y las sucesivas concesiones que los demócratas proponían para apaciguar a Hitler desde el primer momento se dio cuenta del inmenso peligro que suponía para el mundo civilizado la ideología totalitaria que aquel representaba. Y cuando en los primeros años de la guerra, los más duros, los demócratas postulaban un acuerdo razonable o incluso una rendición honrosa, Churchill capitaneó la resistencia del pueblo británico y le guió hacia la victoria.

Un verdadero conservador sólo puede ser liberal porque no hay nada más revolucionario que la defensa de la libertad. En una escena de la película Lincoln (2012, Spielberg) éste trata de convencer a Thadeus Stevens portavoz del partido conservador, encargado de defender en el Congreso la decimotercera enmienda de la Constitución americana, que suponía la abolición de la esclavitud, de que modere su discurso para no asustar a los congresistas ya que, si bien éstos podían estar dispuestos a aceptarla, todavía no estaban en condiciones de ir más allá, como a Stevens le gustaría. El portavoz -más radical o más progresista en el lenguaje convencional de nuestro tiempo- arguye que en política es necesario tener una brújula que indique al pueblo el Norte y no perderla de vista. Reproduzco, por su interés el diálogo integro:

- Thadeus Stevens:   (...) Pero usted sabe cómo es el pueblo. Sabe muy bien que la brújula interior,  que debería dirigir el alma hacia la justicia, se ha osificado en los hombres y mujeres blancos del norte y del sur, en una inutilidad absoluta al tolerar la maldad de la esclavitud. Las personas blancas no soportan la idea de compartir la infinita abundancia de este país con los negros.

- Abraham Lincoln:  Una brújula, por lo que aprendí cuando hacía estudios de terreno, lo que nos señala es el norte desde nuestra posición. Pero no nos puede advertir de los pantanos, desiertos y abismos que encontramos a lo largo del camino. Si al buscar nuestro destino nos lanzamos inconscientes de los obstáculos y acabamos hundiéndonos en un pantano... ¿de qué sirve saber dónde está el norte?

El ejemplo viene al caso porque si Lincoln, al principio de la guerra, hubiera decretado la abolición de la esclavitud en vez de limitarse a proclamar la emancipación de los esclavos en los estados secesionistas, como algunos de sus colegas defendían, los estados fronterizos que se unieron a la causa unionista probablemente se hubieran inclinado por la rebelión. Y eso hubiera decantado la guerra en favor del Sur, lo que no habría ayudado precisamente a la causa de la igualdad racial. Y es que casi nunca lo más radical acaba siendo lo mejor.



No pocas veces dentro de un conservador late un revolucionario con sentido común y en demasiadas ocasiones dentro de un progresista habita sólo un reaccionario que patalea y grita para hacerse el comehombres. Sólo hay que mirar un poco alrededor para saber que esto es y siempre ha sido así. Sin ir mas lejos en la España de nuestros días defender que ninguna administración pública debe gastar más de lo que recauda es conservador y asaltar supermercados con un pañuelo palestino al cuello es progresista.

PD. El Lincoln de Spielberg es una película estupenda que no ha gustado nada al personal porque.... (esto lo he escuchado varias veces) no es nada divertida. Y es cierto. Se echa de menos que en algunos pasajes Lincoln, en vez de entretenerse en menudencias como la guerra de secesión o el abolicionismo, cuente unos chistes de Chiquito de la Calzada o se ponga a bailar merengue con el sombrero de copa en la mano. Y, ya puestos, se podría haber cambiado el final, para que en vez de morir asesinado hubiera acabado sus días dando pollazos en la cara a unas mozas al estilo del protagonista de Cinco Sombras de Grey, que tanto éxito ha cosechado entre las mujeres de nuestro país, en lo que constituye una evidencia más de que, como decía mi padre, donde no hay cabeza todo se vuelve rabo. 

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