miércoles, 25 de enero de 2017

Sezen Aksu



En medio de la noche escucho la voz de una chica que pronuncia en voz alta un nombre: Joan. Intuyo que más que de una llamada se trata de una forma de exorcismo, como si tratara de expulsarlo de su cuerpo, como si ese nombre que hace un momento resonaba a través de las paredes de ladrillo fuera también su propia carne. En lo alto las estrellas callan y su voz germina en un mar de silencio. Pero eso no importa porque incluso en este tiempo de furia extraordinaria hay gente que aguarda milagros, gente que celebra con las alas mojadas la vida que se derrama y que esta noche se pierde bajo el umbral de la lluvia equivocada.


Las palabras no hacen el amor
hacen la ausencia.
Alejandra Pizarnik


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