lunes, 20 de febrero de 2017

Comunismo y miseria (valga la redundancia)

Los cuatro jinetes del apocalipsis comunista

Ahora que Pablo Iglesias ha purgado a Errejón haciendo que parezca un accidente, al más viejo estilo soviético, me viene a la cabeza que el otro día, interrogado acerca de las privilegiadas condiciones laborales de los estibadores portuarios, por las que la Unión Europea nos viene reprendiendo desde hace tiempo, la respuesta del señor Iglesias fue que si eso es así "es porque se lo han ganado" y que le parecía estupendo. 

¿Alguno de ustedes se imagina a Pablo Iglesias diciendo de Bill Gates, Amancio Ortega o de cualquiera de los fundadores o accionistas mayoritarios de una gran multinacional, que le parece justo que tengan mucho dinero porque se lo merecen? ¿Verdad que no? Yo tampoco. Para ellos su correligionario Echenique dispone de una receta algo más abrasiva: un tipo impositivo del noventa por ciento (que, por supuesto, nadie en su sano juicio pagaría y cuyo único efecto sería que se desplomara la recaudación).

No se trata de esquizofrenia. Se trata de algo peor que sólo se puede entender si comprendemos que el comunismo parte de tres principios básicos: 

1) La exaltación de la clase trabajadora a la que se ofrece una retórica y oportunista oportunidad de redención (como Trump).

2) El rechazo del comercio (como Trump).

3) El desprecio por la verdad (como Trump).

Para un buen comunista la pobreza goza de un halo de santidad; el comercio resulta aborrecible porque es un instrumento de opresión (ignorando que se trata de la única forma de generar valor) y la verdad es instrumental porque está al servicio de un bien superior: la conquista del poder, la toma del cielo por asalto, el advenimiento a hierro y fuego de la república socialista que pondrá fin a la historia.

Además, los comunistas, como todos los dogmáticos, son subjetivistas. Nunca les importa el qué, sino el quién. Si les dicen que Paco a asesinado a sangre fría a Pedro antes de reprobar el crimen necesitan saber qué rol ocupan en su santoral cada uno de los dos: si el asesino era un humilde trabajador o un malvado opresor capitalista (y viceversa). Y a partir de ahí reinterpretarán los hechos para acomodarlos a su antojo. 

Por eso a Pablo Iglesias no le importa que los estibadores tengan unas condiciones laborales delirantes (que, además, son discriminatorias para las mujeres) y por eso es capaz de acusar a Felipe González de tener las manos manchadas de cal viva, a pesar de que sus muchos de sus iconos políticos (Lenin, Stalin y tantos otros, como el Che Guevara) han sido auténticos psicópatas y asesinos en serie responsables del exterminio planificado de decenas de millones (decenas de millones!!!) de personas: porque para Iglesias y para cualquier comunista que se precie, el bien es aquello -sea lo que fuere- que hacen los buenos (los suyos) y el mal lo que hacen los otros, los enemigos del pueblo, los malvados explotadores. 

Lo más curioso del comunismo es que es una película de cuyo final tenemos más que cumplida noticia: acaba en miseria y cartillas de racionamiento, partido único, encarcelamiento de opositores, dinastías de líderes hereditarios ataviados con casacas de inspiración militar a los que se rinden fastuosos desfiles y homenajes y en la erección de alambradas y muros, cómo el que propone Trump, sólo que en este caso no se trata de impedir que el vecino se aproveche de las bondades del capitalismo, sino de evitar que los lugareños traten de escapar del parque de atracciones de miseria y servidumbre al que de forma indefectible conduce el comunismo.

PD. Si cada territorio elige a sus candidatos ¿cómo es posible que a Errejón se le ofrezca como premio de consolación un puesto al que sólo podrá optar si en el futuro es elegido para ello por los podemitas madrileños? ¿Al candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid lo elige Iglesias o lo eligen las bases? ¿En qué quedamos? ¿Pueden dos cosas contradictorias ser ciertas a la vez? La respuesta, por supuesto, es que si, porque en el comunismo rige una lógica alternativa en la que esos y otros prodigios están a la orden del día. 

PD2. ¿A que no adivinan cuál es el nombre del blog que escribe el ínclito señor Monedero? Se llama "comiendo tierra". Toda una declaración de intenciones, si señor.

PD3. Por cierto, si a alguien le sorprende la mención del Che Guevara entre la lista de homicidas que consulte, por ejemplo, este artículo de Vargas Llosa que debería ser de estudio obligatorio en nuestros colegios: Che Guevara, la máquina de matar en el que se da cuenta de sus grandes logros en rubros tan diversos como el asesinato y el despropósito económico.


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