viernes, 30 de abril de 2010

De locura y pasiones

De izquierda a derecha, Javier Pérez, Carlos Pauner, Juanito Oiarzabal y Tolo Calafat.

Ha muerto un alpinista. Se llamaba Tolo Calafat y era de Mallorca (es curioso como nada más morirse las personas empiezan a pertenecer al pasado también en los tiempos verbales). Falleció mientras descendía el Annapurna, en un estado de agotamiento extremo y afectado, al parecer, por un edema cerebral; en el mismo lugar en el que lo hizo hace algunos años, en circunstancias similares, el gran montañero navarro Iñaki Ochoa de Olza.

En opinión de algunos psicólogos los alpinistas, y más concretamente los himalayistas, sufren un síndrome conocido como  “Complejo de Peter Pan” que les impulsa a buscar la eterna juventud emprendiendo aventuras quiméricas, propias de lunáticos, llenas de peligros por medio de los cuales sus personalidades soñadoras y huidizas eluden una realidad que no les hace felices.

En esto los psicólogos están de acuerdo con el común de los mortales, que ante una noticia de este tipo, con esa rapidez en desenfundar el juicio superficial que constituye uno de nuestros verdaderos rasgos nacionales, exclama: bueno, para qué suben allá arriba, ya saben lo que se juegan, ellos se lo han buscado, el que se arriesga, ya se sabe...

Estas frases y sus infinitas variantes me recuerdan algo que aprendí de pequeño y que curiosamente una buena parte de mis coetáneos parece haber olvidado: una cosa puede ser verdad y una absoluta estupidez al mismo tiempo.

Eso es justo lo que ocurre en este caso: es cirto que suben porqué les da la gana -nadie asciende el K2 o el Shisha Pangma contra su voluntad, ya que a esa altitud los secuestros son infrecuentes- pero esa afirmación autista es del todo trivial, porque no explica nada y sólo pone de manifiesto un grave desconocimiento de todo o, al menos, de todo aquello que de verdad importa.

El propio Iñaki lo dijo una vez: "¿Por qué hacéis esto? Es sin duda la pregunta más repetida en charlas y conferencias. (Aunque curiosamente es una pregunta que sólo formulan los adultos, nunca los niños). Hay gente que no entiende que abandonemos nuestro confort, seguridad y dinero, para venir a hacer algo tan inútil como escalar el K2. La verdad es que aunque pudiera dar una respuesta medio coherente, ellos nunca lo entenderían. Sólo sé que no estamos locos y que es la vida precisamente lo que buscamos allá arriba. ¿Qué quieren que les diga? Yo allí soy feliz y si me descuido un instante lo único que quiero es subirme al Annapurna y después bajar."

Solo quienes han sentido esa luz incierta que se refleja en tus ojos en el momento en el que te asomas al miedo y descubres que puedes seguir adelante allí donde los demás se detienen, pueden llegar a entenderlo. Sólo quienes han experimentado el instante del vértigo que carcome por dentro el aroma seco de tu vida, ventilando uno a uno todos los rincones del alma y haciendo que de repente el mundo encaje y tenga un sentido, saben de lo que hablo.

Yo tenía nueve años. Estaba completamente dormido y de repente, a eso de las tres de la mañana, sentí que tenía que levantarme y ponerme escribir. No era un acto de la voluntad: yo no quería pero sabía que teníque hacerlo. Tenía que escribir. A mi me avergonzaba mucho mi casa de Asturias y sin un plan definido, con la cabeza bullendo a mil por hora, empecé a escribir de eso y de otras cosas que no recuerdo en un texto muy largo que se fue enredando y enredando hasta que, pasadas las siete de la mañana, me quedé dormido. Mi rendimiento escolar ese día debió ser espectacular. Pero yo no volvería a ser el mismo: jamás volvería a tener del todo los pies sobre la tierra.

Después de esa noche otras muchas como esa. Noches en las que me quedo hasta las tres o las cuatro escribiendo en lugar de meterme en la cama, aun a sabiendas de que tengo que levantarme a las siete. En esos momentos nada importa y nada hay en ningún otro lugar que merezca la pena. Y si para escribir tuviera que enfrentarme a un peligro extremo de cualquier género, lo haría sin vacilar un segundo, sin asombro ni temor, porque hay experiencias que te acompañan para siempre y de las que sabes que no regresarás porqué no hay retorno posible. Vórtices insondables en los que uno se eleva por encima de si mismo y divisa, en un trozo de papel o en una montaña lejana, un paisaje nuevo en el que tienes alas y una suave brisa te acaricia y te transporta, libre y sereno, al centro mismo de tu íntimo universo personal. Una sensación -la cima, el punto final de la última frase, el postrero trazo del pincel- que sólo es posible describir con la palabra felicidad.

Que nadie sienta compasión por los montañeros muertos en el Himalaya. Hay una cosa cierta: ellos han vivido una vida fascinante con los ojos llenos de estrellas.

Al fin y al cabo, para morir es preciso haber vivido y hay demasiada gente que nunca ha estado viva del todo.

PD. Esta historia, que se seguirá repitiendo eternamente mientras la raza humana tenga algo de especial, es la que nos cuenta The Hurt Locker. Nada de guerras, ni de desactivación de explosivos: sólo la historia de una pasión irredimible. Descansa en paz, Tolo.

8 comentarios:

  1. Un día más, al levantarme por la mañana, lo primero que he hecho es leer tu blog (otros leen el periódico, pero yo prefiero leerte a tí. Es otra realidad). Un día más he recibido un "regalo matutino" al encontrar un nuevo texto tuyo. Y un día más me he emocionado hasta las lágrimas con tus palabras. Consigues transmitir tantas sensaciones en unas cuantas palabras... NO cambies nunca. Y sigue escribiendo,por favor: tú consigues tu "cima", y yo cada día te conozco un poco más.

    ResponderEliminar
  2. Mis amigas decían que era una locura y no entendían el porqué de aquello y de los riesgos e insatisfacciones que implicaban para mí.

    La explicación está muy bien reflejada en este texto. El final, por desgracia, muy parecido.

    Gracias.

    ResponderEliminar
  3. Muy bien su post.
    Sobre los alpinistas, el marido de Alison Hargreaves, inglesa, una alpinista formidable, fallecida en la cumbre del K2, 1985), "mas vale vivir un día como un tigre que 100 años como un borrego". De paso su hijo, también quiere escalar el K2 ahora que ya es mayor: (http://www.dailymail.co.uk/femail/article-1256362/K2-claimed-Alison-Hargreaves-life--son-set-attempt-scale-peak.html?ITO=1490)
    Alison Hargreaves, no tuve suerte, fué barrida de la montaña por una tempestad brusca a 8400 metros de altura.
    Sobre Tolo Calafat, por supuesto cada cual tiene su cima, eso si, siempre hay que saber retirarse a tiempo (no es ninguna derrota), las montañas siempre siguen ahi, igual que nuestros retos...
    Raphael

    ResponderEliminar
  4. Es cierto que "hay que saber retirarse a tiempo", pero muchas veces ocurre que es difícil saber si todavía estamos o no a tiempo.

    Recuerdo una escena de Gladiator en la que Quinto le dice a Máximo Décimo Meridio, mirando con desprecio a las hordas de bárbaros que se alinean frente a sus tropas, a punto de entrar en batalla:

    - Hay que saber cuando se es conquistado.

    Máximo, mirándole fijamente, le responde:

    - ¿Tú lo sabrías? ¿Lo sabría yo?

    ResponderEliminar
  5. Los corderos nunca entenderán el alma del tigre: sólo ven una cosa con rayas. No intentes explicárselo, amigo, no lo entenderán. Me gusta cómo escribes y lo que cuentas.

    ResponderEliminar
  6. Bueno, lo que les pasa a los alpinistas, a algunos que por desgracia se quedan en el camino, es lo que se puede llamar como:
    "la insoportable necesidad de ser", es decir estar tan cerca de la meta, llegar a una cima famosa, responder el día D, responder ante sus sponsors, su ego, etc... Hay que saber retirarse a tiempo, sobre todo cerca de los 8000 metros de altura, ya que puede costar la vida, ademas de la de otras personas... un mal día lo tiene cualquiera, basta subir a 3000 metros en los Pirineos o los Alpes para comprender que no se repira igual que al nivel del mar.
    De ahi que Reinhold Messner, el mas grande alpinista de todos los tiempos respondió que su hazaña mas grande ha sido la de sobrevivir a todas esas montañas...
    Raphael

    ResponderEliminar
  7. Un apunte. Tolo murió de agotamiento. Estuvo consciente hasta el último momento -la última nevada que lo cubrió-. Lo del edema fué una noticia falsa de esas que corren por ahí sin contrastar.
    http://www.barrabes.com/revista/noticias/2-6594/larga-clarificadora-entrevista-maria-antonia.html

    Por si a alguien le interesa, hace tiempo que escribí algo sobre las motivaciones de ir a hacer alpinismo:

    http://www.novenoquark.com/?p=4911

    Un saludo a todos!

    ResponderEliminar
  8. Un apunte:Hurt locker es un truño de pelicula, una americanada que no merecia ningun oscar.

    ResponderEliminar

¿Algún comentario?