viernes, 19 de octubre de 2012

Idiotas



Nadie sabe cuál será el juicio de la historia con la obra de gobierno de Zapatero, aunque yo, en su lugar, procuraría no hacerme demasiadas ilusiones al respecto.

Como no ignoro que todo el asunto de la crisis ha hecho que el ex-presidente no goce ahora de mucha popularidad (por decirlo suavemente) aprovecho la ocasión para, echando la vista atrás, dejar constancia de un suceso que pasó relativamente inadvertido y que, sin embargo, le convierte en un auténtico pionero en su género. Me refiero a aquella magistral frase suya según la cual "España es una nación discutida y discutible".

No conozco a ningún otro presidente de  cualquier otra nación, actual o pretérita, civilizada o bárbara, democrática o bananera, desarrollada o mediopensionista, que se haya permitido dudar en voz alta de la existencia de la comunidad política que se ha tomado la molestia de elegirle presidente. ¿Alguien se imagina, por ejemplo, a Sarkozy, Merkel, Obama o Romney proclamando en voz alta que Francia, Alemania o Estados Unidos son naciones discutidas y discutibles?

Ya lo creo que no.

¿Por qué dijo Zapatero tal cosa y por qué la dijo como si tal cosa? Como he observado que ningún exégeta de esos que pululan por las tertulias televisivas sobrellevando la pesada carga que supone saber de todo ha dado en el clavo y que ningún psicólogo clínico ha sido capaz de elucidar la etiología del problema, tendré que ser yo mismo el que me ponga manos a la obra para esclarecer la cuestión. 

Lo que le pasa a Zapatero es que siempre ha sido un tonto.

Así de claro. No se si de baba o del culo, pero un tonto de remate. Y como buen tonto -Forest Gump dixit- de vez en cuando se dejaba ir y hacía tonterías, como el cheque bebé, su obstinada negación de la crisis o su asombrosa declaración mitinera de que aceptaría el Estatuto que saliera del Parlamento de Cataluña (de verdad? dijera lo que dijera ese Estatuto?).

Con todo, la tontería de Zapatero siempre me pareció tan sincera y genuina que nunca me movió tanto al reproche como a la lástima. Lo contrario, por ejemplo, me sucede con Aznar, cuyas intenciones políticas, más allá de su eventual acierto o desacierto, siempre me parecieron aviesas e impostadas, fruto de oscuros complejos mal metabolizados cuando no manifiestamente lindantes con la psicopatía.

La única cosa que me dolió de verdad de Zapatero -además de que me rebajara ese sueldo que siempre desgasto más pronto de lo que sería menester- fue el oprobioso indulto, en contra del criterio del Tribunal Supremo, de mi homónimo, el banquero Alfredo Sáez. Lo más penoso, además de lo que tuvo de injusticia y agravio, fue la vergonzante forma de concederlo: de tapadillo y a escondidas, en el tiempo de descuento, dejando el marrón al ministro portavoz y sin dar ninguna explicación convincente.

¿Por qué hizo Zapatero algo tan contrario al espíritu de un partido que dice ser el defensor de la causa de las clases medias y los desfavorecidos? Mucho me temo que en este caso no intervino tanto la estupidez como los oscuros intereses de quien tripula un partido que, como todos, se sabe necesitado de la ayuda financiera de los que están en mejor situación de prestarla.

Ese genio que fue Pío Baroja dejó escrita en su obra Juventud, egolatría (1916) una frase lapidaria y muy propia de su escepticismo, adobado siempre con ingentes cantidades de mala leche, que procuro no olvidar: "Ya hace tiempo que se dijo que las leyes son como las telas de araña: que detienen a las moscas pequeñas y dejan pasar a los moscardones. Nuestros políticos, muy severos, muy rígidos para las moscas pequeñas, son muy amables con los moscardones.

Es lo que tienen los clásicos, que nunca pasan de moda.

PD. Mientras Zapatero andaba sembrando el caos e indultando banqueros y cuando Rubalcaba ya había empezado a hacer como que pasaba por allí por casualidad -a pesar de que lleva en política desde antes de que el hombre se pusiera erectus-, su mano derecha, Pepiño Blanco, que no es un inútil como Zapatero, sino un inútil y un caradura, se dedicaba a celebrar chuscas reuniones con constructores en estaciones de servicio, poniendo de manifiesto, una vez más, que los socialistas representan a los que menos tienen al modo en que los charcuteros y los tratantes de ganado representan a los terneros y las ovejas. 

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