Los libertadores



El otro día el actor Toni Albà -conocido por sus imitaciones del Rey en el programa de TV3 Polonia- se levantó de la cama con el pie cambiado y soltó, a través de su cuenta de Twitter, una soflama patriótica en la que instaba a no asistir a la obra que Carmen Machi representa estos días en el Teatre Lliure de Barcelona, al figurar ésta entre los firmantes de un manifiesto sobre la independencia de Cataluña. 

Al tal Toni, que por las formas y lo delicado del lenguaje debe ser pariente de Toni Soprano, no le gustó ni un pelo el manifiesto y, por alguna razón que debe caer enteramente dentro de la linde de la psicología clínica, le dio por pensar que ese disgusto suyo le tocaba pagarlo a Machi de su bolsillo.

Hasta ahí no hay nada que reseñar: cada uno gestiona sus frustraciones como puede. 

Lo peor vino cuando intentó disculparse: «Pido disculpas. Me tenía que haber limitado a señalar que yo, personalmente, no iría», dijo. En ese conato de perdón, Albà vino a decir que él sólo ingiere cultura de gente que está a favor del derecho a decidir del pueblo catalán. O lo que es lo mismo, que para él el hecho estético se subordina a la coyuntura política. Interesante perspectiva de la creación artística que seguro comparten conocidos benefactores y patronos de las artes como Stalin o Pinochet. De las artes criminales, quiero decir. 

Para acabar de arreglarlo el actor añadió que «Machi, como Almodóvar o Sabina, a los que también admiro, no sabía lo que firmaba, porque en ese manifiesto hay mucha mala leche». De lo que se deduce, por tanto, que hay dos grupos de firmantes:

a) Aquellos a los que no admira, que firmaron por maldad y/o inquina rabiosa; 

b) Aquellos a los que sí admira, que lo hicieron engañados, seguramente porque son un poco bobos. 

Visto lo visto yo, si fuera uno de los firmantes, para escapar del juicio sumarísimo de Albà alegaría ignorancia o incapacidad, como los jubilados del fraude de las preferentes o como los consejeros socialistas y peperos de las cajas de ahorros cada vez que acuden a los Tribunales. Y la próxima vez que alguien me pida que firme cualquier cosa pediré el auxilio de Toni que, a lo que se ve, es perito y doctor en ideas de los demás. 

Y si no, recurriré a otros intelectuales, como el actor Joel Joan, que ha proclamado que "cuando se gire la tortilla todos los que no sean independentistas serán traidores" o el alcalde de Vic, recién transfugado de Unió por sus desencuentros con Durán i Lleida, que ha proclamado que "Jesucristo sería claramente independentista". 

Cada día que pasa es más urgente independizar Cataluña, sí. 

De sus libertadores.

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