lunes, 18 de agosto de 2014

Que majo es el nuevo Papa


Mi amigo Miguel, que es la persona más inteligente que conozco, me envía un artículo de El País en el que el articulista se queja -los articulistas, como los cantaores flamencos, son bastante propensos al quejío- de que la iglesia se entromete constantemente en política.

El artículo me parece, como mínimo, candoroso, porque la religión se entromete siempre -lleva haciéndolo desde que existe- porque fue creada justo para eso, para ponernos a todos a raya (a este lado que se sitúen los creyentes con ticket de salvación, los infieles que vayan pasando hacia el fondo, que ahora les damos lo suyo) y para que expiemos bajo la espada en llamas del creador del universo (sic) nuestros innumerables pecados y abominaciones.

Sucede, además, que esa redención de culpas en ninguna religión es voluntaria y a título gratuito sino que requiere siempre juicios finales, penitencias, flagelaciones y otros artefactos nada complacientes con nosotros los pecadores. No es un club de scouts al que uno se apunta y se desapunta sin más (el único parecido entre ambas instituciones que se me ocurre no puedo explicitarlo, pero digamos que involucra un excesivo afecto hacia los menores ajenos).

Por eso me asombran los no creyentes que dicen que "el Papa les cae bien". El Papa es el máximo representante de una una religión que aspira a prohibir el aborto, que apenas tolera la homosexualidad, que no considera a las mujeres lo bastante buenas para ser sacerdotes y que si pudiera desterraría hasta los preservativos. Sus obispos dicen cada día cosas que son como para echar a correr y no parar y su jefe bendice esas opiniones con su silencio. Pero, claro, es tan simpático...

A mi la religión nunca me deja tranquilo porque sé que es un tigre que si no me muerde es simplemente porque no tiene ocasión de hacerlo, pero que conserva sus afilados incisivos y que siempre está ahí al acecho por si cuela. Por eso que su máximo dirigente sea un señor simpático que además parece un hincha de Boca Juniors en vez de un individuo con pinta de secretario general de un campo de concentración, me parece, al revés que a casi todos mis convecinos, peligroso, porque siempre es peligroso que algo esencialmente nocivo para la sociedad, como la religión, tenga un buen representante comercial. Y este me parece muy bueno, sobre todo si se le compara con sus predecesores, que tenían una cara que parecía un anticipo de las tribulaciones del purgatorio.



PD. En el título he puesto Papa en mayúsculas para que nadie crea que me refiero al novio de una muchacha divorciada, no por inercia religiosa ni porque así lo imponga la Real Academia.




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