viernes, 26 de agosto de 2016

En defensa de la escuela y del latín y del griego (pero bien enseñados)



Si mis antiguos profesores de Latín y Griego no andaban errados y, la verdad, ni siquiera se me pasa por la cabeza que fuera así, porque tenían esa mirada elocuente, fronteriza y un poco miope propia de las aves nocturnas que es una marca inequívoca de las personas inteligentes, la palabra escuela procede del griego sjole y significa ocio. Si, ocio. 

Ir a clase (clase viene del latín clamare, llamar), es, por tanto, ni más ni menos que responder a la llamada que nos convoca al sitio de recreo (por usar la expresión de aquella formidable canción de Antonio Vega, aunque estoy seguro de que la canción se refería a otra cosa no menos divertida).  

Lo que me llama la atención es que con el tiempo hemos conseguido una mutación extraordinaria: convertir la escuela, ese espacio que un día fue concebido como el lugar en el que los estudiantes iban madurando su aparato reflexivo, en un gris reducto en el que los alumnos son entrenados de forma mecánica y tediosa en el aprendizaje de programas y contenidos diseñados por expertos en esa pseudociencia dogmática y pretenciosa que recibe el nombre de pedagogía. 

Quizás algo de eso tenga que ver con que la palabra latina para negocio es nec-otium, la negación del ocio. Y es que ahora, en medio de la avalancha de utilitarismo y la obsesión por el beneficio a corto plazo que nos invade, la escuela está diseñada para ser la antesala del mundo de los negocios, para convertirnos en mujeres y hombres de provecho y, por eso mismo, como ya no hay espacio para el ocio pensante y la reflexión improductiva (nótese el oxímoron), el Latín y el Griego van siendo arrinconados y confinados al garage como vehículos decrépitos que consumen demasiado tiempo y no llevan a ninguna parte, en detrimento de otras disciplinas más "prácticas" y "más adaptadas a los nuevos tiempos". 

Late aquí, a mi juicio, un enorme error conceptual. El objetivo de la escuela no es rellenar la cabeza de los jóvenes de conocimientos más o menos enciclopédicos y pasteurizados que sirvan de pórtico a su futuro desempeño como camareros, vendedores de seguros o cajeros de supermercado, sino ofrecerles un espacio de ocio pensante en el que tengan la oportunidad de aprender a razonar por si mismos, porque sólo un saber reflexivo, crítico y abierto les convertirá, de verdad, en ciudadanos libres, se dediquen a lo que se dediquen el día de mañana. 

La escuela, esa escuela que nació como el espacio en el que se cultiva el placer del pensamiento y se desarrolla la conciencia, no debe abdicar jamás de esa función y si lo hace se convertirá en otra cosa. En otra cosa peor, que quizás tenga algo que ver, sin ir más lejos, con nuestro morrocotudo índice de fracaso escolar.

PD. Redacto esta entrada en memoria (no en vano recordar significa, en latín, regresar al corazón) de aquellos viejos profesores del Instituto de Candás de Latín y de Griego que me enseñaron mucho más de lo que fui capaz de aprender, con el deseo de que si algún día me leen -en esta o en la otra vida, si la hubiere- no se avergüencen demasiado de aquel tímido alumno de Prendes que lo miraba todo con asombro desde el fondo de la clase. Y a los nuevos profesores de esas disciplinas, sean de donde sean, que sobreviven en estos tiempos de cuasiclandestinidad académica a base de tesón y declinaciones, aprovecho para enviarles un fuerte abrazo. 

PD2. Como toda realidad tiene dos caras he de decir que el método con el que tradicionalmente se enseñaban las lenguas clásicas (basado en el abrupto aprendizaje de las reglas gramaticales, el exhaustivo análisis sintáctico y gramatical, como si una lengua fuera sólo un catálogo de normas y la traducción directa de textos clásicos diccionario en mano) era una catástrofe sin paliativos a la que espero que alguien haya puesto remedio (de hecho mi profesora de griego ya lo enseñaba con un método nuevo y mucho más eficiente). Como soy curioso por naturaleza he indagado sobre el asunto y parece que, en efecto, el profesorado ha ido tomado conciencia del problema:

http://www.culturaclasica.com/?q=node/1904


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