martes, 14 de febrero de 2017

La vida



Desde el instante en que vienes al mundo y echas el primer aliento no tienes más remedio que empezar a tomar decisiones acerca de un montón de cosas de las que en realidad no sabes nada y que tienen implicaciones que ni siquiera puedes imaginar y, por si fuera poco, para acabar de complicarlo, siempre habrá a tu alrededor, por todas partes, en bares, colegios y mercados, un montón de gente dispuesta a decirte lo que es correcto, lo que harían si estuvieran en tu lugar, lo que no harían de ninguna manera, lo que está bien y lo que está mal. Por suerte, cuando te haces mayor aprendes que la gente lo sabe todo sobre la vida de los demás y que por eso nunca se equivoca dando consejos al prójimo. Bueno, más o menos. 

El caso es que si yo hubiera escuchado a toda esa gente, si le hubiera hecho caso, no estaría aquí. Y tú, si, tú, tampoco estarías aquí. Estaríamos en otra parte, haciendo otra cosa, pero lo cierto es que, por mucho que nos devanemos los sesos, nunca seremos capaces de desanudar ese hilo, porque no tenemos ni podremos tener nunca ni la menor idea de cómo nos iría en cada uno de nuestros infinitos destinos alternativos posibles, así que, considerando el asunto desde una perspectiva general y teniendo en cuenta la terrorífica cantidad de cosas que podrían haber ido mal, muy mal o catastróficamente mal, después de todo quizás no tenemos tantos motivos para quejarnos, no?




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