sábado, 12 de marzo de 2016

Fieles



Se dicen los puros, los auténticos, los barbudos estandartes de la verdadera fe. Son los fieles y los reconoceréis porque en sus ojos arde un fuego gélido que no conoce la sonrisa y porque anhelan en su piel el estigma del martirio. Se acuestan temprano porque temen a la mujer y a la noche y son siervos de la perfección de un dios tenebroso que está tan cerca del corazón como lo están los viejos y los nuevos traficantes de esclavos o los individuos que ahorcan a sus galgos cuando ya no son lo bastante rápidos.

Me gustaría deciros algunas cosas. Para empezar que la vida es solo una marea más breve de lo que parece que sube y sube sin cesar y va depositando herrumbre en todas las habitaciones y que, además, no encierra gran misterio: si estamos siempre solos, mejor no vivir solos, mejor buscar entre la bruma el cuerpo de alguien que te acompañe y acariciarlo cada noche hasta que sientas que caer en el sueño ya no es como deslizarse por un precipicio.

También os diría que dios no existe y que de todos los dioses inexistentes el vuestro existe menos que ninguno (si tal cosa fuera posible) porque un dios que no es amor no puede ser ni presidente de escalera en una comunidad de vecinos. Sin amor no se entiende nada y el que no entiende nada está solo aunque millones de fieles le recen compulsiva y devotamente, así que si vuestro dios no fuera un artefacto de vuestra delirante y sádica imaginación ahora mismo estaría tiritando de frío y buscando la forma de suicidarse en una habitación solitaria de un motel de tercera con luces rojas de neón instalado en una modesta área de servicio de la periferia de la eternidad.

No sois más que un trágico error de la naturaleza y espero que la naturaleza haga lo que suele hace con sus errores: depurarlos y suprimirlos. Ni siquiera os deseo la muerte, porque para morir es menester haber vivido y si se observa con detalle la triste huella de vuestro paso por este mundo es más que evidente que ese no es vuestro caso, pero lo que si me gustaría, si no es mucho pedir, es que dejarais de joder al prójimo, atajo de cretinos. 


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