Saber y ganar


Esta es la mejor canción del año 2019 para este blog. Siguiendo lo que ya es un auténtica tradición ni siquiera es una canción del año 2019 pero... who cares?

La mayor parte de la gente que conozco (mi madre incluida) se queda embelesada contemplando a los concursantes de esos programas de televisión que son capaces de recordar sin la menor vacilación los títulos de todas las composiciones de Rajmaninov, las capitales de las islas más remotas, la lista de los reyes visigodos y mil y un prodigios de todos los géneros y disciplinas. 

Intuyo que en esa admiración anida un error básico que consiste en confundir conocimiento con información. Abrumados por toneladas de datos y por un bombardeo constante de punzantes noticias de actualidad los ciudadanos asumen que, con todo ese bagaje a sus espaldas, esos adalides de la retentiva han de ser, a la fuerza, individuos brillantes, capaces de tomar decisiones racionales e informadas. La historia demuestra, sin embargo, todo lo contrario. La gente con una extensa formación académica toma, muy a menudo y en todos los frentes, decisiones muy estúpidas. No sólo eso. A menudo también es asombrosamente estúpida.

Cuando veo en la televisión a cualquiera de esos esforzados concursantes les imagino una tarde de otoño cualquiera, con el diccionario entre las manos, tratando de retener todos los sinónimos del verbo elucidar, la etimología de la palabra tirolina o el peso atómico de los elementos químicos más volátiles. Y me producen, la verdad, un poco de tristeza, porque tengo la sensación de que todo ese tiempo estaría mucho mejor empleado mojando los pies en el río, cogiendo castañas, metiendo mano a una prima segunda, a un primo segundo (o a ambos, si es menester), solazándose con las fabulosas aventuras de Don Quijote por los predios de la Mancha o contemplando como la luz del sol se las arregla para atravesar el filo ocre y dorado de las hojas.

Pero eso, claro, es opinable y además, como dijo una vez un torero (no se sabe si el Guerra o el Lagartijo) tiene que haber gente pa to.

A la gente le gustan los datos porque no cambian. El rey Wamba será siempre el rey Wamba y el estroncio seguirá siendo un metal alcalinotérreo por los siglos de los siglos. En este vaivén incesante, en el que todo aparece, muda y se consume en una fracción de segundo, los datos son como un puerto seguro frente a la marejada de la incertidumbre. Pero se trata de un asidero falaz y la prueba nos la proporciona una evidencia incontestable: cuando somos felices, felices de verdad, las fechas, los datos, el orden, los números y hasta la hora del reloj se desvanecen y no importan nada. 

Por algo será. 


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