domingo, 23 de febrero de 2014

Jessica Lange


Estaba viendo King Kong (la indigesta versión de Dino De Laurentis) y me ha venido a la cabeza que la protagonista, la incomparable Jessica Lange, tuvo una relación con un asturiano, Paco Grande, fotógrafo de profesión e hijo de otro eminente asturiano, el nutricionista Francisco Grande Covián. Se conocieron en Minnesota, lugar al que Covián se había trasladado con su familia en 1968. Paco Grande era profesor de la joven Jessica, estudiante de Bellas Artes en la Universidad de Minnesota. Se enamoraron, se casaron (el tenía 27 años y ella 21) y se trasladaron a España. Vivieron en Asturias (en la casa familiar en Colunga) y más tarde en Barcelona. Se separaron en 1975, aunque formalmente no lo harían hasta 1981. Luego ella contrajo nuevas nupcias (horrible expresión que parece rescatada de la revista Hola) con el bailarín Mikhail Baryshnikov y más tarde con Sam Sephard.

Al divorciarse Jessica regresó a Nueva York, lugar en el que, como tantas otras aspirantes a actrices, trabajaba como camarera al tiempo que recibía lecciones de interpretación y aceptaba esporádicos trabajos como modelo. Tendrían que pasar tres años hasta que Dino De Laurentis la convirtiera en la novia de King Kong, papel que le proporcionó notoriedad, fama y unas críticas espantosas que casi acaban con su incipiente carrera. El papel que la encumbró definitivamente fue el Cora Smith, esposa infiel, devastadoramente sensual y demasiado propensa al homicidio (aunque ni siquiera eso nos habría importado demasiado) en el 'El cartero siempre llama dos veces'.

Hace unos años Jessica Lange regresó a Asturias. Lo hicieron, para ser exactos, sus fotos al Centro Niemeyer de Avilés. A diferencia de otros fotógrafos que buscan con desesperación lo extraordinario o lo inusitado, la lente de la actriz rescata en "Unseen" aquello que siempre ha estado ahí y que, por esa misma razón, solemos dar por sentado y dejamos de ver: la vida misma, pero encuadrada en blanco y negro, transfigurada, como devuelta en pedazos de eternidad. Pequeñas escenas, frágiles y graves al mismo tiempo, esenciales para que todo siga en su sitio.

Dicen que después de tantos años y unos cuantos maridos Lange todavía sigue siendo amiga de Paco Grande. De una forma que no acierto a explicar me conmueve pensar que, por esos vericuetos del destino, algún día sus ojos se asomaron al arenal de la playa de Gijón y contemplaron los verdes prados de mi tierra, acaso porque en esa improbable realidad se advierte uno de los atributos más insondables de la vida: que en ella todo es posible, especialmente lo que un instante antes parecía imposible.



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